Cuba libre, por favor


Por Oscar Domínguez G.

La Habana.- Para el presidente Fidel Castro y su entorno, la revolución apenas empieza. Lo proclamó con vigor de recién casado en los diversos y kilómetros discursos que pronunció con ocasión de las festividades convocadas para celebrar los primeros 40 años del triunfo de sus barbudas huestes.

También se encargan de recordarle a los cubanos y al mundo el carácter irreversible de la revolución que sacó a sombrerazos de la isla al tirano Fulgencio Batista, afiches como estos que se leen en las calles: “Tenemos y tendremos socialismo”, “Venceremos” “40 años de victoria”.

Los que están cómodos con el sistema sacan pecho cuando escuchan esta literatura que en nada difiere de la de los primeros días. En materia de propaganda revolucionaria, no ha corrido mucha agua bajo los puentes en la patria del son que no se ha ido de Cuba, del ron que sólo ha cambiado de nombre (de Bacardí al Havana Club), y de la revolución, para que rime todo.

Las consignas de “socialismo o muerte”, “patria o muerte”, con las que el comandante termina sus arengas televisivas, están vigentes.

Los que la están pasando mal con la revolución se hacen cruces y se encomiendan a la Virgen de la Caridad del Cobre, la Virgen Mulata, patrona de Cuba, para que algún día los barbudos dejen de mandar.

Pero la Virgen que se apareció en 1606 está en el dilema de ser o no ser castrista, porque también del lado oficial le llueven las rogativas para que mantenga el régimen que se entronizó el 1º de enero del 59. No en vano castristas y los fieles a Batista se disputaban los favores de la Virgen en plena guerra revolucionaria.

 

Cuando la Virgen no viene manda al Papa. Sucedió el año pasado cuando Juan Pablo II visitó la isla para enviar el mensaje de que ésta se abra al mundo y el mundo a la isla. Desde entonces, se han dado pasos hacia delante, aunque el juzgamiento de cuatro “disidentes” por estos días en La Habana ha echado para atrás el reloj de pared de la historia.

 

MAS ILUSTRADOS, MENOS FELICES

“Somos más ilustrados ahora, pero menos felices”, nos sintetizó un cubano de sonrisa forzada, profesional con varias carreras encima, ninguna de las cuales ha podido ejercer, lo que sucede con decenas de compatriotas suyos que se sienten frustrados.

Este cubano que se gana la vida en oficios múltiples, incluido el de guía turístico en La Habana, es uno de los beneficiarios del sistema educativo cubano, uno de los mejores del mundo, según Fidel y sus alegres muchachos.

No lo dice solo la nomenclatura cubana: lo ratifica la Unesco que consideró la enseñanza primaria cubana como la mejor de América Latina, con 350 puntos sobre 400.

“Para qué tantos estudios, muchos de ellos en el exterior, si no podemos ejercerlos ni acceder a mejores niveles de vida?”, se lamenta nuestro interlocutor quien nos invitó a su bella y vieja casa en El Vedado. (Es suya pero no la puede vender).

“No quiere decir que seamos felices”, dijo también Fidel Castro en otro contexto (ante los miembros de la policía nacional revolucionaria), al hacer alusión a los logros y también a los vacíos que tiene un país socialista, destetado de la desaparecida Unión Soviética, que le respira en la nuca (a 70 millas) a la nación más poderosa que ha tenido la humanidad, la misma que les decretó un embargo que los aprieta, pero no los ha podido ahorcar.

“Señores imperialistas no les tenemos absolutamente ningún miedo”, reza otro contundente grafito pintado por manos oficiales en predios del malecón, muy cerca de la oficina de negocios que los americanos, como les dicen, tienen en la capital. En las paredes circulan otras diatribas contra el embargo alimentado por los yankis, una expresión despectiva que ha dejado de ser común en la rica jerga de la isla.

 

BALANCES Y PARALELOS

Los actos con motivo de las primeras cuatro décadas del triunfo le sirvieron a

Castro para hacer su balance de ejecutorias.

Y a quienes visitamos por esos días a Cuba, nos permitió hacer un paralelo, necesariamente apresurado e incompleto, entre lo que proclama el comandante de 73 años (los cumple en agosto), y lo que se aprecia a partir del contacto directo con la población que no ha perdido la alegría ni el sentido del humor, el cual suele utilizar como única herramienta de oposición que les queda. Por supuesto, la prensa toda sólo respira afectos revolucionarios.

Ni siquiera la revolución les ha enajenado a los cubanos su demoledor sentido del humor. Más bien, se los ha aumentado.

Aunque más vale ejercer esa oposición en privado. Los ojos abiertos y oídos despiertos de los miembros de los CDR (Comités de Defensa Revolucionarios) que hay en cada cuadra como un apéndice del estado, unidos al policía que hay en cada cuadra velando por la revolución y por la seguridad de los habitantes, les pueden hacer pasar un mal rato.

OPONERSE, COMER, AMAR

En Cuba se habla de política, comida, música y de amor. De cualquier conversación pueden salir chistes contra, o a favor de Castro, una receta de cocina para preparar un pollo, la ropa vieja, el fricasé que tiene canción de Daniel Santos, una langosta, fríjoles negros, un ajiaco cubano, también celebrada en su música que jamás prescribe. De hecho, el son nunca se fue de Cuba.

 

De cualquier charla puede surgir una historia de amor. Un cubano de aquellos que se han visto obligados a convertir su desvencijado vehículo particular en taxis que le hacen difícil competencia a los modernos aparatos oficiales importados del mundo capitalista, nos contó que se enamoró a primera vista de su mujer, le habló durante seis horas seguidas sin tomarse un trago. Ocho días después se casaron mar adentro.

“Eso sí, nada de hijos hasta que esto no se aclare”, agregó el taxista que lucía un anillo en la oreja. Muchos piensan igual, en asuntos de familia.

 

Con lo de “no se aclare”, algunos quieren significar que esperan que haya un cambio cuando Fidel deje el poder por sustracción de materia física. Aunque todos saben que la línea de sucesión está lista: falta Fidel y asume su hermano Raúl. No hay tutía aunque los más optimistas recuerdan que nadie imaginó jamás que la perestroika fuera a acabar con la Unión Soviética. En fin, soñar tampoco paga impuestos en la Cuba de Fidel.

“Necesitarían varios meses, quizás años, para entender lo que está pasando”, nos previno una cubana que nació cuando la revolución estaba de pantalón corto. Todavía vivía el Che Guevara, una de las dos personalidades quizás más mencionadas que Castro en la Cuba. El otro es el patriota José Martí.

Guevara, cuyas cenizas de guerrillero están de regreso a La Habana, y Martí, quien sentó las bases para la independencia de España, se hacen visita eterna todos los días en la inmensa Plaza de la Revolución, uno frente al otro, mientras los turistas de cámara Kodak venidos de todas partes, hacemos nuestro agosto.

Martí y el Che son los indiscutidos sostenedores y jefes de relaciones públicas de la revolución.

 

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Canadá, Venezuela y Colombia, según datos obtenidos entre cubanos locuces a falta de mejores fuentes, aportan el mayor número de turistas de América. Europa se hace presente con ruidosos y libidinosos italianos, españoles y franceses.

Después del turismo, tal vez la mayor fuente de divisas es la proveniente de remesas que envían a sus familiares los cubanos residentes en el exterior, especialmente en USA.

 

En cierta forma, y por una exquisita ironía, la revolución se financia con dólares capitalistas.

 

Los turistas son la gallina de los huevos de oro de una revolución que le ha decretado entierro de pobre al capitalismo y al modelo noeoliberal.

 

DIATRIBA CONTRA EL CAPITALISMO

Lo dijo Fidel en varios escenarios. Llamó al capitalismo “plaga global” y le decretó el fin de su historia en un discurso leído, algo insólito en él que es un improvisador incansable y feliz.

 

“El orden económico que hoy prevalece en el planeta caerá inevitablemente. Eso podría incluso comprenderlo un colegial que sepa sumar, restar, multiplicar y dividir…”.

 

Y siguió su diatriba: “El sistema actual es insostenible porque se sustenta sobre leyes ciegas, caóticas, ruinosas y destructivas de la sociedad y la naturaleza”.

Castro, cuya versación en asuntos económicos en los que se especializó a la brava, sorprende a sus amigos y enemigos, incluido su amigo del Nobel de Macondo, asegura que los propios teóricos de la globalización noeoliberal se muestran inciertos, vacilantes, contradictorios”. Para él, el sistema convierte al ser humano en mercancía.

 

Pero en fin, mientras se derrumba el capitalismo, que sus integrantes con el alias de turistas vengan a gastar en Cuba. Eso se llama trabajar con la plata del mister. O pragmatismo, en la semántica de “los hermanos pudientes del norte”, como los bautizó el general Torrijos.

 

Por estas razones Castro y su equipo facilitan la inversión extranjera en actividades como turismo (administración de hoteles), o en la exploración de hidrocarburos, actividades en las que no invierten un solo peso pero se quedan con la mejor tajada.

 

Y como el ron cubano mantiene la vigencia de una Elena Burke, de un “Bola de Nieve”, el célebre pianista, o de una Omara Portuondo, símbolos del sabor cubano, han hecho alianzas estratégicas con los franceses que tienen espléndidas redes de distribución mundiales de licor.

 

REVOLUCION PARA LARGO

 

“… para sus generaciones más jóvenes, la revolución apenas empieza… Lucharemos por nuestro pueblo y por la humanidad. La batalla de hoy es dura y difícil”, reconoció Fidel en una de sus intervenciones por televisión, tan largas que el turista tiene tiempo de dormir tres siestas y cuando se despierta todavía estará hablando el comandante.

 

Si bien Castro no es escuchando como en las épocas de las vacas gordas en la que tenía pleno respaldo de la población, todo el mundo termina informado de lo que dice. Al fin y al cabo, en alguna forma, la mano del estado le caerá encima para sancionarlo si cometió algún delito. O para protegerlo.

 

Al lado del béisbol que se ha convertido en una herramienta diplomática para aproximar al gobierno comunista con el de Estados Unidos, se ha vuelto un deporte en Cuba hacer una doble columna entre lo que dice el presidente en sus intervenciones públicas y la realidad que les toca vivir todos los días.

 

Por ejemplo, cuando habló de los 20 dólares mensuales (equivalente a 300 pesos cubanos) que ganan en promedio sus paisanos, Castro aseguró que, mal que bien, con esa suma pueden tener acceso a lo mínimo.

 

Quienes no lo aman, agitan en alto la desnutrida libreta de racionamiento donde está escrito a lo que pueden aspirar en la tienda de la esquina. Que no es mucho.

 

Pero lo que no pueden adquirir en dichos centros, como sea, los cubanos se las ingenian para conseguirlo en el mercado negro, que funciona de maravilla: Con un poco de ingenio el comprador tiene acceso a la leche (reservada para niños hasta los 7 años y mayores de 60), huevos, carne, langosta, si está de suerte.

 

Y hasta el PPG, orgullo de la medicina revolucionaria, el célebre viagra cubano, está al alcance de la libido. En el mercado negro se puede conseguir a 20, 15, 10, y hasta dos dólares. Todo depende del contacto que logre hacer.

 

¿Necesita su dosis personal de cigarros Cohiba, Partagás, Romeo y Julieta o su remesa de ron? Sus deseos serán satisfechos en segundos. En cualquier paseo por la Habana Vieja, tendrá que sacudirse a los vendedores de estos y otros productos.

 

LA NIÑA DE LOS OJOS DE LA REVOLUCION

 

El comandante Castro se jactó, citando un informe periodístico de The Washington Post, de que pese a varias formas de delincuencia, el suyo es el país más seguro del mundo.

 

Y están dispuestos a mantener ese honroso primer lugar. La seguridad es la niña de los ojos de la cuarentona revolución. Si hay seguridad, hay turistas, si hay turistas, hay divisas. Y de paso, se protege a la población de 11 millones 142 mil 700, dato Fidel.

 

Por este motivo y por la ira y el intenso dolor que produce el robo de electrodomésticos y otros elementos caseros que escasean, es que se han dictado medidas drásticas contra estos amigos personales de lo ajeno.

 

En una casa, hay luto total si por ejemplo se daña o se roban el televisor. ¿En qué podrán seguir, por estos días, las incidencias de la telenovela Café que ha hecho de Margarita Rosa de Francisco, la colombiana más famosa, muy por encima del Nobel García Márquez y del médico tolimense Manuel Elkin Patarroyo, ambos de la entraña del comandante Fidel?

 

Por si las moscas, los cubanos han hecho de sus casas pequeñas fortalezas, con rejas y doble candado, para desalentar a los ladrones que también comen y pagan arriendo.

 

Muchas de esas casas se han convertido por necesidad de divisas, en hoteles de paso que la revolución persigue sin contemplaciones porque no quiere ninguna clase de competencia que le reduzca sus ingresos. A menos que los propietarios paguen 100 dólares por el registro y 250 dólares mensuales de impuesto.

 

Como nadie está en capacidad de pagar semejante fortuna, estos arriendos funcionan clandestinamente. (Nosotros nos alojamos en una de esas casas donde el marido trabajaba para el Estado y su mujer despotricaba de él). De paso, facilita el contacto directo con la gente que no es posible cuando el alojamiento se hace en hoteles de cinco estrellas.

 

En fin que el turista anda con su corazón dividido entre el respeto por una forma de gobierno única en el mundo que mantiene asfixiada y vigilada a la población, y la solidaridad con quienes viven en precarias condiciones, tan limitados en su libertad personal como en sus artículos básicos.

 

Aunque con los mejores índices en salud que es gratuita en teoría, como la educación. “¿Pero de qué nos sirve saber que si nos da sida nos van a curar? Nadie se pasa una vida esperando enfermarse para que lo curen gratis”, comentó irónicamente otro cubano descontento.

 

Cubanos como nuestro amigo de cuyo nombre es mejor no acordarse, se convierten en automáticos herederos de los objetos personales que llevan los turistas en su viaje a la isla. A la cual se desea regresar, de todas formas. Así a las viejas, hermosas y espaciosas edificaciones, les haga falta, como a la revolución, una mano de pintura para que sus hospitalarios habitantes tengan un mejor dormir.




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