Dátiles para Maria Magdalena

Cinco palabras desataron el escándalo: “Jesús les dijo: mi esposa”. La expresión la encontró la profesora Karen King , de Harvard, en un papiro escrito en copto antiguo. Su conclusión: Jesucristo estuvo casado.

Ningún evangelista habla del matrimonio de Jesús . San Pablo comentó que la disyuntiva era casarse o abrazarse.

L’Osservatore Romano , algo así como El Obrero Católico del Vaticano, calificó de falso positivo el descubrimiento de doña Karen. Roma teme que los curitas se alcen en sotanas y exijan matrimonio pa rendir más. Tienen mi beneplácito para un matrimonio opcional. Tenaz el celibato.

Si aceptamos que doña Karen acertó en lo del matri, deduzco que el primer acuerdo al que llegaron Jesús y María Magdalena fue que él no sacaría partido de su condición; ella iría a todas partes con sus ojos perturbadores.

A Jesús de pronto se le alborotaban los poderes y le leía el pensamiento. Descubrió entonces que ella pensaba mal de él. (María le criticaba que se la pasara curando a todo mundo, incluida la suegra de Pedro, sin cobrar un dracma. Con lo cara que estaba la vida).

Cuando María de Magdala se dio cuenta de que Jesús le interceptaba el pensamiento, le encendía la loma. Para contentarla, su marido le preparaba dulce de dátiles, su debilidad.

Como cualquier pareja de Hollywood discrepaban por incompatibilidad de ronquidos. Eso lo solucionaron durmiendo en catres separados, fabricados, con descuentico, por papá José .
Simplemente María se salía de la túnica cuando su hombre se demoraba. Entonces le montaba tremendos “videos”. Jesús , irónico, comentaba en la sinagoga: “En mi casa se hace lo que yo obedezco”.

Los celos de pronto hacían de las suyas. La Magdalena se enteró del episodio de la mujer adúltera y cuando su costilla llegó a casa lo recibió cargada pa tigre: ¿Y quién es ella? ¿O es que su educación tiene su “reality” con la vieja?

Hasta se empeñó en averiguar qué había escrito Jesús en el suelo ese día. A él se le subió la bilirrubina, proclamó su derecho a no incriminarse y no soltó prenda.

Jesús casi no la contenta. Tuvo que inducirle un sueño profundo en el que le borró del casete el episodio ese. Remedio certero para clonar y reducir enfrentamientos entre las parejas.

A veces discrepaban porque a Jesús se le olvidaba reportarse a través del Blackberry de entonces: las señales de humo.

Fueron felices a medias. La felicidad completa solo existe en las estadísticas, en algunas baladas de Leonardo Favio (q.e.p.d.) y en novelas de Corín Tellado.

No comieron perdices porque la carne lo volvía demasiado humano. Que es como nos lo presenta doña Karen. Y como nos gustaría verlo a muchos: perdidamente enamorado.

Pero Roma dijo no. Es su oficio. Como el de Dios es perdonar a quienes nos gusta más el Jesús de lavar y planchar.
@kikirikioscar




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