El maravilloso trekking a la Ciudad Perdida de Colombia


Por Paco Nadal / Llevo una semana sin postear en el blog porque he estado cumpliendo un sueño: acabo de regresar de la Ciudad Perdida, el poblado tayrona oculto entre las selvas de la Sierra Nevada de Santa Marta, el Machu Picchu colombiano. Y he estado, literalmente, perdido durante todo este tiempo en uno de los parajes más bellos e inaccesibles de Colombia.

Teyuna, la Ciudad Perdida, fue un importante asentamiento de los indígenas tayronas, la etnia dominante en esta zona del Caribe colombiano cuando llegaron los conquistadores españoles en 1525. Se extendía por unas 30 hectáreas en una ladera boscosa de la Sierra Nevada, a 1.200 metros de altitud, fue construida hacia el año 700 y llegó a albergar más de 2.500 personas. Los españoles nunca subieron hasta aquí, pero las guerras y las enfermedades diezmaron a los tayronas que se extinguieron paulatinamente hasta que hacia 1600 la ciudad quedó abandonada, cayó en el olvido y el bosque tropical húmedo se apropió de ella.

Teyuna paso casi 400 años debajo de una capa de barro y vegetación hasta que en la década de los 70 unos huaqueros, expoliadores de sitios arqueológicos, la descubrieron de forma casual. Como si de un viaje a Ítaca se tratara, lo maravilloso de Ciudad Perdida no es solo verla sino llegar hasta ella. La aventura es el camino.

No hay otra forma de acceder que a pie por trochas abiertas en lo más profundo del bosque tropical húmedo primario, una selva oscura, densa, espectacular y salvaje que no pone fácil el empeño. Hay que caminar unos 50 kilómetros, entre la ida y la vuelta, salvando grandes desniveles, cruzando ríos que pueden doblar su caudal en un minuto, bajo un sol inclemente en ocasiones, bajo un aguacero digno del diluvio universal, en otras. Hay que soportar picaduras de mosquitos y todo tipo de insectos, barrizales pegadizos en los que patinas como en una pista de hielo y una humedad del 85% que te mantiene todo el día empapado, hasta la ropa interior.

A cambio, la caminata hasta Ciudad Perdida regala a quien se aventure a ella algunos de los escenarios más bellos que he visto en Sudamérica. Amaneceres apoteósicos en los que el sol deshace con deleite la niebla matutina que se enreda en las copas de los árboles, cascadas que se descuelgan buscando un hueco entre los riscos comidos por la selva, rincones donde el bosque tropical permanece igual que fue hace miles de años, poblados de koguis y wiwas -los descendientes de los tayrona- donde la vida ha cambiado muy poco desde la era precolombina, vistas panorámicas desde los collados donde la selva se pierde en el infinito tapizando con mil tonalidades diferentes de verde los perfiles encrespados de las montañas.

Uno de los trekking más impactantes que se pueden hacer en Sudamérica.

Después de tres días caminando llegas al pie de la impresionante escalera de 1.200 peldaños que da acceso a la ciudad. Los subes jadeando y chorreando sudor por todos tus poros y de repente, en medio del silencio de la selva aparece una primera plataforma circular, luego otra, luego muchas más. Has llegado a la Ciudad Perdida. Una escalinata ceremonial sube hasta la zona más alta, donde estaban los templos y las casas de los mamos (sacerdotes) y mientras asciendes por ella vas tomando conciencia del grado de civilización y de técnicas de ingeniería que llegó a tener este pueblo para construir hace mil años semejantes estructuras en un lugar tan fragoso.

Como los tayrona construían sus viviendas con materiales vegetales no ha quedado vestigio de ninguna, solo de las plataformas circulares sobre las que se asentaban, así como la red de caminos, muros y canalizaciones de agua que mantenían la ciudad.

Pero esas ausencia hacen aún más enigmática a Teyuna. Si has tenido suerte y el día es soleado y diáfano, te colocas en lo alto de la última plataforma de la zona ceremonial, desde donde se divisa un paisaje perfecto de 360 grados, cierras los ojos, extiendes tus brazos, dejas que la energía de la jaba kagui, la madre tierra, te atraviese de lado a lado, y te transportas sin problema a aquellos tiempos en los que la Ciudad Perdida, no solo no estaba extraviada sino que era el centro del mundo indígena.

Aquí van todos los datos prácticos por si quieres hacer el trekking de Ciudad Perdida:

Dónde está. La entrada a Ciudad Perdida se localiza en una zona conocida como La Aguacatera, en la carretera de Santa Marta a La Guajira, en el norte de Colombia, a una hora de Santa Marta. Desde allí se sube en todoterreno 12 kilómetros de pista de tierra hasta el poblado campesino de El Mamey, donde se inicia la marcha a pie.

Cómo hacerlo. Hay que ir obligatoriamente con un viaje organizado por alguna de las cuatro empresas que gestionan la ruta. La senda discurre por terrenos de comunidades campesinas e indígenas que cobran un porcentaje del precio por persona y no te van a dejar pasar si no te has registrado oficialmente. El tour completo cuesta 600.000 pesos (unos 245 €) e incluye la tasa de entrada al parque, el pago a comunidades, el guía, todas las comidas y el alojamiento en los campamentos.

Cuanto tiempo. Hay trekkings organizados de 4, 5 y 6 días. Los de 4 días se pueden hacer si tienes un buen entrenamiento, porque cada día se camina entre 7 y 10 horas. Los de 5 días son los más recomendables; durante las tres primeras jornadas se camina una cuatro horas diarias y da tiempo a observar el paisaje, bañarte en los ríos o disfrutar de la gente con la que tropiezas. De todas formas, las dos jornadas de descenso son iguales para ambos programas y son muy exigentes.

Dónde se duerme. A lo largo de la ruta hay siete campamentos con techado de chapa metálica, camas con colchonetas y/o hamacas y cocina donde los guías preparan la comida y la cena del grupo. Hay mantas en todos ellos, pero no suelen estar muy limpias y las picaduras de chinches y pulgas están aseguradas. Es aconsejable llevar un saco-sábana muy liviano o una sábana para protegerse del fresco de la noche y no usar las cobijas del campamento.

Dificultad. El trekking a Ciudad Perdida no es de dureza extrema, pero sí es muy exigente. Hay que tener una mínima condición física y tener un poco de pericia en el senderismo. Si no lo tienes, no te aconsejaría hacerlo.

Mejor época. De mediados de diciembre a primeros de marzo, que es el verano aquí, es decir, cuando menos llueve y el sol no pica tanto. La temporada de lluvias fuertes va de octubre a mediados de diciembre (de todas formas, también se puede hacer en estas fechas; yo lo he hecho). Julio y agosto son también buenos meses: hay posibilidades de precipitaciones, pero no tan abundantes.

Qué llevar. El mínimo peso posible. Pero éste debe incluir: un poncho para agua que cubra la mochila, unas buenas botas de trekking con protección impermeable tipo Gore-Tex, pantalón y camisa livianas pero de manga larga para las noches, muuucho repelente de mosquitos, un saco de dormir muy ligero (si no quieres usar la mantas de los campamentos), pantalón corto y camisetas de manga corta (aconsejable acrílicas, que secan antes) para caminar, gorra o sombrero, bolsas de plástico para guardar la ropa seca, chanclas de goma para estar en el campamento. En los campamentos no hay papel higiénico, aunque si venden cervezas y bebidas refrescantes. Los bastones de caminar son muy útiles en la zonas embarradas.

Batería de la cámara. Se puede cargar móviles y baterías de cámaras en el primer campamento y en la Ciudad Perdida, donde por cierto hay teléfono e internet (es para dar servicio al destacamento miliar que protege la zona, pero lo pueden usar los turistas)

Dónde reservar. Hay varias empresas autorizadas: Magic Tour (con los que fui yo), Turcol, Expotur, Guias y Baquianos Toury Wiwa Tour, ésta última creada por indígenas wiwa y kogui.

Y aquí van más fotos, por si aún no os habéis cansado de un post tan largo (pero es que el sitio lo merece):

Lo que hay debajo del barro son mis botas. Suele ocurrir en temporada de lluvias

Misión imposible: secar la ropa.

Atravesamos tierra kogui, los indígenas descendientes de los tayrona

Este es el único puente en todo el trayecto. Salva el río Buritaca

Cabaña Mumake, donde se duerme la segunda jornada; tiene camas en vez de hamacas

El Buritaca y sus afluentes se cruzan 18 veces (9 por sentido). ¡Y no siempre van tan seco!

Buscando la energía del sol en las terrazas ceremoniales de Ciudad Perdida

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Por Paco Nadal
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