El mundo del fútbol llora la partida de Miguel Calero


Directivos y jugadores se han pronunciado por la pérdida del exportero de Pachuca y de la Selección.
No paran las reacciones tras la muerte del exportero Miguel Calero, quien falleció luego de haber sido diagnosticado este lunes con muerte cerebral tras un cuadro de trombosis que lo atacó la semana pasada.

La noticia de la muerte fue confirmada por Pachuca, el club en el que permaneció los últimos años de su carrera. A través de un comunicado el equipo lamentó informar que sobre el mediodía de este martes falleció el exportero.

“Miguel fue un símbolo, un icono de nuestra institución, y realmente estamos muy afectados por su muerte, algo absolutamente imprevisto y absurdo, pero son los designios de Dios, los cuales tenemos que respetar, y pedimos mucha fortaleza para su familia”, aseguró el presidente del Deportivo Cali, Óscar Astudillo.

Calero permaneció durante más de doce horas con muerte cerebral, luego de una complicación en su cuadro clínico, tras una retrombosis. Los problemas  en su estado de salud se agudizaron cuando sufrió la primera trombosis en la arteria carótida el pasado 25 de noviembre.

“Que Dios te tenga en su gloria Miguel Calero, gracias por dejar el nombre de Colombia en lo más alto en todo el mundo”, escribió en su cuenta de ‘Twitter’ el delantero colombiano Darwin Quitero, del Santos Laguna.

“Gracias, Miguel Calero, por todo. Pero sobre todo por enseñarme que el portero es diferente y tiene que ser un ‘showman'”, expresó el arquero del Monterrey Jonathan Orozco, mientras su colega argentino Hernán Cristante aseguró que se le va a extrañar.
Por su parte, el extécnico de la Selección Colombia Hernando el ‘Bolillo’´Gómez dijo: “Ver volar a Miguel Calero me daba alegría”. Otro técnic, Reynaldo Rueda, afirmó que el portero de Colombia tiene “una nobleza impresionante”.

Inicialmente se descartó que el exarquero hubiera sufrido un infarto cerebral, y los pronósticos sobre su recuperación eran positivos, a tal punto que el propio Nathal había asegurado que su vida no corría peligro. (Galería/ Calero hizo parte de la última Selección que fue a un mundial).

“Gracias, Miguel Calero, por todo. Pero sobre todo por enseñarme que el portero es diferente y tiene que ser un ‘showman'”, expresó el arquero del Monterrey Jonathan Orozco, mientras su colega argentino Hernán Cristante aseguró que se le va a extrañar.

Sin embargo, el jueves pasado, los médicos decidieron sedar de nuevo a Calero, tras notar que el edema cerebral había aumentado. “Mientras el edema no ceda, la situación es inestable”, declaró entonces el neurocirujano. Su caso se agravó en las últimas horas y su familia comenzó a pedir que donaran sangre. A medio día de este martes, su luz se apagó.

ADIÓS A UNO DE LOS MEJORES ARQUEROS DE LA HISTORIA DE COLOMBIA.
JENNY GÁMEZ

Era la primera vez que cubría un evento deportivo. Y me tocó nada menos que la Copa América Colombia 2001.

Solo Dios sabe cuánto me costaba identificar, en medio del calor de Barranquilla y mi pánico escénico, a esos futbolistas que se bajaban de un bus y saludaban a decenas de hinchas, que los llamaban por sus nombres y sabían de memoria todo lo que habían hecho en sus respectivos clubes. ¿Yo? Luchaba por averiguar, sin hacer el oso, si ‘Choronta’ era un nombre, un apellido, un apodo, un chiste.

El segundo día de entrenamiento me tomé confianza. Llegaron los ídolos en el mismo bus y me acerqué, amparada en las preguntas de Gabriel Meluk y Tito Pucetti. Ahí estaba Calero.
Imposible no notar que su 1,90m de estatura y su cuello largo sobresalían en el grupo.
En esa época uno podía llamarlos y ellos venían a hablar con los periodistas sin mayores inconvenientes. No me atreví a preguntar pero me quedó grabada la mirada tierna de Miguel, observando desde arriba mi humilde 1,55m de estatura.
Sólo cuando llegamos a Armenia decidí acercarme a él. Moría de miedo pero tenía que hacerle una nota porque era posible que reemplazara a Óscar Córdoba. Esperé en una montañita y cuando se acercó al bus le dije: ‘Miguel, ¿me regala cinco minutos?’. ‘Claro niña’, contestó.

Empecé preguntando alguna obviedad fastidiosa y él me miraba, medio enternecido, medio risueño. Dos preguntas más y yo sentía que ya la sangre no me circulaba por el brazo y que mi grabadora temblaba más de lo normal. A la cuarta pregunta tuve que decirle: ‘Miguel, que pena, se puede sentar que no puedo más con la grabadora?’
Me parece escuchar todavía el retumbar de su carcajada. Intentaba parar pero volvía a mirar a la niñita, que casi ni le llegaba a la cintura, y soltaba una nueva carcajada. ‘Que pena’, me decía.

Mi cara, que había pasado ya por todas las tonalidades del rojo, debió parecerle muy divertida. Pero se sentó en el pasto y me invitó a sentarme a su lado. Después me dio una frase de esas de abrir periódicos (‘Cambio la titular por el título’, creo que me dijo) y yo quedé feliz. Apenada pero feliz.

Cuando paró la grabación me dio la mano, se puso su gorra y se subió al bus, mientras Gerardo Bedoya y alguien más (no pude identificar quién era), lo esperaban para burlarse. Con cara de papá se quitó la gorra y los agarró a sombrerazos por reírse de la periodista.
Me quedo con esa imagen, muerto de risa, destellando una felicidad que casi daba envidia.
A él le debemos un Mundial de fútbol; un ‘gracias Calero’ por todo lo que luchó y lo que soñó ganar vestido de amarillo, azul y rojo; un adiós sin drama, con lágrimas hacia adentro y sonrisas hacia afuera, fiel a lo que fue el ‘show’, a la altura de una vida sin deuda, sin mancha, sin pena.
JENNY GÁMEZ




A %d blogueros les gusta esto: