El póquer al poder


Por Óscar Domínguez G.
No se les puede creer ni lo contrario de lo que insinúan. Tienen mucho de actores. Mienten por negocio. Dicen la verdad por accidente. O por conveniencia. O azar. Viven en estado de falso positivo perpetuo. Clonaron la enigmática sonrisa de la Monalisa para despistar al rival.

Con su cara, dicen lo contrario de lo que piensan. O al revés. Por dentro de ellos espantan.  No tienen principios sino un fin: la victoria.

Tranquilos que “sólo” se trata de los jugadores de póquer. El domingo cumplimos un año de estar por cuenta de uno de ellos, el presidente JMSantos, quien el 10 de agosto ingresa a la cofradía de los sesentones.

El póquer es como la vida, ha dicho calumniando a la vida. O al póquer.

Antecesores suyos como César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana,  jugaban tenis para sacudirse el estrés que genera la “libido mandandi”. Nunca faltan trepangos dispuestos a “hacer patria” o “construir país” dejándose ganar del príncipe. De paso, se lucran del poder. Negocio redondo.

Debe haber más de un lagarto dispuesto a arruinarse jugando póquer con Santos. Mejora el currículo tutearse con quien  ganó las elecciones con un programa pero gobierna con otro. Exótica forma de escalar en política. Tan insólito como derrotar una escalera flor con par doses. Con razón su mecenas, Álvaro Uribe, está que trina.

Los furibistas quedaron viendo un chispero una vez Santos empezó a sacar sus cartas. Los que no votamos por JMS estamos güetes con su forma de barajar. Se nos contagió su pragmatismo. Resultados, ante todo.

En su elogio del póquer, Santos ha dicho que enseña a medirle el aceite al prójimo, cañando, arriesgando. Roosvelt aprovechaba el juego para allegar información privilegiada. Y salirse de su sanedrín de genuflexos.

Sostiene que para triunfar es preciso conocer bien las reglas de juego. Y tener paciencia. “No te canses de pasar”, aconseja Santos, muy recordado por sus compañeros de pupitre de Kansas University.

Lo cuenta el periodista Tyler Bridges  en el mejor perfil que he leído del mandatario. Lo escribió para la revista de la Universidad. Santos se confiesa un “peleador de barriada”, capaz de darse en la jeta con cualquiera.

Alguien le aconsejó que si quería tener influencia siguiera en el periodismo. Si deseaba el poder real, debía dedicarse a la política. Reacción primaria de Juanma, como le dice su séquito: “Me sentí como si estuviera siendo descrito como un ambicioso hijo de …. “(favor llenar los inofensivos punticos).

En Kansas, cuenta Tyler traducido por Hernando Jiménez (autor de la novela “Un siglo de ausencia”, Página Maestra Editores), Santos arrasaba en las maratones de póker de  sábados y domingos. Luego se clavaba en la biblioteca a estudiar como todo un brillante nerd que se graduó en siete semestres. Los compinches de jugarreta se iban a dormir.

“Era muy bueno para tapar sus emociones”, recuerda el médico Jeff Joyce, clases 73/77, de Leawood.

Mezclaba póquer con rock de Jefferson Airplane, Carol King y Crosby, Stills and Nash.  Que no falte la maracachafa. “Sí, yo inhalé”, el verbo en inglés por meterse un cacho. Sospecho que su arrepentido mecenas el ex presidente Uribe, ignoraba semejantes antecedentes.

Otras confesiones de JMS a Bridges:”No se llega adonde yo estoy siendo solamente un buen tipo… A veces hay que pasar por encima de la gente… La política es algo que saca lo peor de la condición humana. Pero si se usa correctamente es muy gratificante. A veces hay que apostar duro. Y a menudo ser un poco frío, tener sangre fría, quiero decir”.  Les dejo el cuero … de JMS.




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