El timonazo de la paz

Una vez más Juan Manuel Santos ha dado muestras de su enorme capacidad para reinventarse y salir del fondo del foso para tomar un segundo aire. Pasó durante la campaña presidencial cuando Antanas Mockus lo tuvo contra las cuerdas, pero el hoy Presidente dio un golpe de timón a escasos veinte días de las elecciones y terminó propinándole una tunda a quien aparecía como el gran ganador de la contienda.

En esa oportunidad, Santos golpeó la mesa y reacomodó las fichas con una habilidad asombrosa, tarea en la que contó con la ayuda del experto en marketing político JJ Rendón, quien replanteó la estrategia de comunicaciones y relanzó la campaña. Ahora Santos –acosado por el desplome en las encuestas, que lo llevaron a estar por debajo del 50% de aprobación– tomó la decisión de jugarse una carta bastante arriesgada: negociar con las Farc. Y a juzgar por los resultados que empiezan a conocerse, la apuesta de Santos ha resultado ganadora por ahora.

En efecto, la más reciente encuesta de Datexco para La W Radio muestra que la popularidad de Santos subió 18% gracias, fundamentalmente, al anuncio de negociar la paz con las Farc. Es decir, la imagen favorable del Presidente dio un salto cualitativo enorme y ello lo pone de nuevo en un lugar privilegiado de cara a las elecciones de 2014, cuando es bastante probable que Santos aspire a un segundo período. Pero, además, gracias al anuncio de los diálogos, Santos subió 20 puntos en la aprobación de su gestión, al lograr un 64.29%. De manera que, por ahora, Santos empezó a disfrutar del tan anhelado segundo aire.

La lección del Caguán
En cuanto a las expectativas que tienen los colombianos con respecto a los diálogos que se inician en Oslo, Noruega, la próxima semana, la encuesta de Datexco muestra prácticamente una paridad, puesto que el 45 por ciento no espera un acuerdo definitivo de paz, producto de los diálogos, mientras que el 41,6 por ciento sí cree que de los diálogos saldrán acuerdos concretos de paz.

Es decir, los colombianos quieren la paz, pero desconfían de la voluntad de paz de las Farc, lo que no debería causar sorpresa alguna luego de la enorme frustración que significó la negociación del Caguán. Ese es otro elemento que tanto el Gobierno como las Farc deberán tener presente durante los diálogos, pues está demostrado que, a diferencia de oportunidades anteriores, en esta ocasión la paciencia de los colombianos no será tanta. En el caso del Caguán fueron el cinismo de las Farc y su absoluta falta de olfato político los que colmaron la paciencia de los colombianos, hasta el punto que mantenerse en la mesa, pese al rechazo de la inmensa mayoría de los colombianos, se tradujo en precarios niveles de aprobación a Andrés Pastrana. Se espera que esa lección haya sido aprendida.

¿Negociación conjunta con las Farc y el ELN?
Pese a que tanto las Farc como el ELN quieren hacer parte de la mesa de negociación con el Gobierno, es bastante probable que el Gobierno no meta en el mismo saco a ambos grupos guerrilleros. Y es que se trata de organizaciones subversivas con vocaciones y motivaciones políticas bien distintas. Mientras las Farc han tenido siempre una vocación agraria -como quedó reflejado en la hoja de ruta que firmó con el Gobierno en La Habana- el ELN tiene una profunda convicción ideológica, lo que ha llevado a que ambas organizaciones guerrilleras hayan protagonizado duros enfrentamientos en el pasado. De ahí que sería mucho mejor considerar la posibilidad de establecer una mesa de negociación paralela con el ELN y con una agenda propia, pues es claro que lo que para las Farc es prioritario, no lo es para el ELN. En lo único que están de acuerdo ambos grupos es en oponerse al Marco Legal para la Paz.

Recuperar la confianza de la opinión pública
El escepticismo que generan los diálogos con las Farc, que en apariencia podría interpretarse como una debilidad de los mismos, podría convertirse en una gran fortaleza si los diálogos se desarrollan con reglas claras y compromisos serios. En efecto, tanto el Gobierno como las Farc deben entender que el mensaje de paz que salga de la mesa de diálogo debe estar acompañado de acciones concretas que se traduzcan en un voto de confianza por parte de la opinión pública. Por ejemplo, al abordar el tema de los secuestrados, las Farc tendrían que reconocer que secuestran y proceder de inmediato a la liberación de quienes tienen en su poder. Ese es el tipo de acciones que llevaría a recuperar la confianza perdida y permitiría darle una mayor maniobrabilidad a las partes. Insistir en la negación de ese tipo de actos criminales no contribuye a la buena marcha de las conversaciones y acrecienta aún más la desconfianza de la opinión pública.

Respaldo a los diálogos con las Farc, pero…
De acuerdo con la encuesta de Datexco, el 67,35% de los colombianos considera que el manejo dado por el Gobierno al proceso de paz con las Farc es apropiado, mientras que el 26% desaprueba dicho manejo. Es decir, la gran mayoría de los colombianos estaría de acuerdo con la negociación, pero casi un 30 por ciento la desaprobaría. De este último 30 por ciento hacen parte los seguidores del expresidente Álvaro Uribe, entre otros, quienes han descalificado las aproximaciones del Gobierno con las Farc.

A diferencia de lo que pasó con el fracasado proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana, que al comienzo contó con el respaldo unánime de la opinión pública, que expresó esa voluntad de paz con el llamado Voto Ciudadano por la Paz, la negociación de Santos tiene en contra un influyente sector opositor. Algo similar pasó durante los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, pero en la orilla contraria, pues éste le declaró la guerra a las Farc luego del fracaso del Caguán, y para ello contó con la aprobación de la inmensa mayoría de los colombianos. A diferencia de lo que sucede con Santos, tanto Pastrana (para la paz), como Uribe (para la guerra), tuvieron el respaldo casi unánime de los colombianos.
Por Óscar Montes




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