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La sala del Palazzo Reale en Milán está repleta. Sus columnas y frescos lucen aun más imponentes con la luz del verano. Hace calor, no hay aire acondicionado y nadie lleva corbata ni chaqueta.
Carla Maldonado - Italia
Fernando Botero (Medellín, 1932), acompañado de su esposa, la escultora griega Sophia Vari, esbelta como una modelo, entra en la sala. Conversa, firma autógrafos, sonríe para las fotos y regala abrazos. Escucha con paciencia y atención las preguntas de algunas admiradoras ancianas. Con el mismo gesto cordial responde a esta entrevista. Usted vendió su primer cuadro en la taquilla de la plaza de toros de Bogotá. ¿Cómo nació su pasión taurina? Mi padre había muerto. Mis tíos eran muy aficionados a los toros, y me llevaban. En el colegio me pasaba dibujando toros y toreros... Usted dice que no crea mitos y no inventa, pero algunos criíticos dicen que sus cuadros casi ‘huelen’. ¿No es eso un poco mágico? Hoja de vida Fernando Botero Nació el 19 de abril de 1932 en Medellín. Empezó a pintar de adolescente; luego pasó larga horas en los museos europeos, copiando a maestros del Renacimiento. Es un artista ‘caro’ desde los 70. De la entrevistadora: "Tiene el cabello blanco y habla en voz baja, en un ‘itañol’ (italiano y español) delicioso". El realismo mágico es un pariente pobre del surrealismo, y yo no pinto eso. En mis cuadros hay cosas improbables, no imposibles. Mire: el realismo mágico hace personajes que vuelan; mi cuadro ‘El cardenal en la bañera’ es improbable, pero no imposible. En 1956 viajó a México para estudiar a Rivera, Siqueiros y Orozco. ¿Allí descubrió el volumen de los cuerpos? Descubrí el volumen y la sensualidad de los cuerpos en la Academia de Bellas Artes en Florencia, en 1952: Piero della Francesca, Giacometti y otros grandes pintores descubrieron el volumen y el espacio en la pintura. Me impactaron. En México encontré una forma personal y original de expresar ese volumen. Desde el 52 usted gira por el mundo: vive en Madrid, Nueva York, París, Pietra Santa... ¿Esos viajes han influido de alguna manera en su obra? Los viajes no influyeron en mi obra, ese es mi sistema de vida: me da placer cambiar de ciudad. Tengo estudios en varias partes y una ciudad no me da nada. Uno lleva por dentro lo que quiere decir: lo tengo y sé mi camino, no voy en busca de inspiración, momentos o iluminación especiales cuando cambio de un lugar a otro. ¿Qué quiere decir? Quiero hacer buena pintura, según lo que considero el gran arte. El arte es la reflexión de una vida, tratando de buscar la excelencia y las grandes virtudes. Cada pintor interpreta y crea en una forma diferente. Mi manera de pensar se refleja en mi trabajo, que tiene gran respeto por la tradición. A la vez, es una expresión moderna y contemporánea de la pintura. Hay personas que lo critican por su éxito comercial, pero usted dice que no hay que confundir tener éxito con ser comercial. ¿Es así ? Exactamente. Matisse, Picasso o Chagall tuvieron gran éxito con su obra y son comerciales. Cuando alguien pinta una obra para vender o dar placer al público hace arte comercial. Pero si hace una obra seria, que exalte el problema del arte, entonces hace algo puro. Hay pintores que son malísimos y tienen éxito, porque hacen una pintura ajustada a ciertos gustos. ¿No le preocupa el gusto? Hice mi carrera contracorriente, hacía pintura figurativa cuando todo el mundo hacía abstractos. Y sigo haciendo cosas que son la negación de lo que muchos piensan que debe ser el arte hoy. Tengo mi independencia, mi criterio, y sigo eso en mis obras. ¿Por qué cree que a la gente le gustan sus obras? Bueno, gustan ahora. Tengo 58 años pintando; pasé 20 años muy difíciles antes de empezar a vender con cierta regularidad y poder vivir de la pintura. No es fácil, debí exponer en todo el mundo. He expuesto más que ningún otro pintor vivo: Tokio, Singapur, Jerusalén, Nueva York... 142 exposiciones individuales, más de 60 en museos. Después de ese trabajo es que la gente me ve seriamente. Se dice que es uno de los mejores pintores vivos del mundo. ¿Eso no le sube la vanidad? Ahí sí estoy de acuerdo. No, la pintura es completamente respetable y seria, no se puede pensar que ya aprendí a pintar todo. No soy tan superficial como para pensar que ya sé todas las respuestas. |