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Botero, Rey de Milán PDF Imprimir E-Mail
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En el Palacio Real, donde gobernaron los Saboya y Napoleón, Fernando Botero exhibe 150 monumentales obras, la mayoría de reciente ejecución

En un mercadito callejero en este verano en Padua, Italia, colgaba un juego de cama de sábana y sobresábana y dos fundas, estampadas con la reproducción gigante de dos mujeres muy gordas. Cuando se le preguntó al tendero, para probarlo, quién había pintado aquellas mujeres, contestó con todo el desparpajo italiano: ¡Botero!

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REVISTA DINERS

Tres días después le contamos al maestro que habíamos comprado aquel juego de cama por 50 euros para dormir de vez en cuando sobre una gran obra de él. Contestó que aunque aquellos vendedores no pagaban derechos de autor, ese era un bonito precio de la fama y el reconocimiento internacional y popular de su obra. Hablaba allí en el Palacio Real de Milán, donde gobernaron desde Napoleón hasta Vittorio Emanuele, y donde en este verano se lleva a cabo una exposición de más de 150 obras monumentales del pintor colombiano.

Fernando Botero es el primer pintor invitado al Bello Verano, la gran exposición de arte que de ahora en adelante se realizará cada año en Milán para revivir la grandeza artística de la ciudad que una vez presenció cómo Leonardo da Vinci pintaba La Útima Cena o cómo Napoleón se maravillaba ante la Pinacoteca de Brera. Ahora en quince salas del Palazzo Reale cuelgan las que Botero considera sus mejores obras en los últimos diez años de solitario y apasionado trabajo. Y afuera, en las calles, en la Plaza del Duomo, frente al famoso Teatro Scala, diagonal a la gran galería central, en el corazón callejero de Milán, los transeúntes se asombran ante la grandeza de las esculturas monumentales del maestro colombiano. En una de ellas, la situada frente al Scala, alguien por la noche dibujó una W en el pubis de la gran mujer de seis metros de altura, tal vez no como acto vandálico sino para señalar la profundidad insondable de su sexo.

Al atardecer del ardiente verano, todo el establecimiento político e intelectual de la ciudad que es la verdadera capital del diseño, la moda y el refinamiento del mundo, se agolpa en la puerta del Palacio Real. Allí, junto al alcalde de la ciudad y todo el notablato, el más irreverente y controvertido intelectual italiano, Vittorio Sgarbi, quien le pegó una cachetada en directo por televisión a la senadora nieta de Benito Mussolini, afirmó algo que retrata de cuerpo entero a Botero, considerado por el mismo Sgarbi el más popular artista del mundo: "Su corazón se quedó en Colombia en medio de fiestas de provincia y corridas de toros, pero su talento lo convirtió en un auténtico pintor italiano, de los más grandes". Esta sentencia, dicha allí tan cerca de la vida y la obra de Caravaggio, Giotto, Piero della Francesca, Raffaello, Miguel Ángel y Da Vinci, es el reconocimiento o piropo más grande proferido jamás para un pintor colombiano.

Después, esa sofisticada multitud desfiló frente a las 150 obras de Botero en las quince salas del Palacio Real. Desde varias cabezas ex coronadas de la vieja aristocracia europea, hasta Shakira y otras luminarias del celuloide internacional, todos en romería frente a los curas y toreros, ante los amantes desnudos, ante las costureras y bailarines, ante las monjas y putas, todos de rolliza semblanza colombiana. Y también ante los trapecistas y saltimbanquis y arlequines de su nueva serie sobre el circo, o frente a la ya clásica y cada vez más cierta serie sobre Abu Ghraib, y aun ante un nuevo cuadro sobre la muerte de Pablo Escobar en Medellín, pintado el año pasado y hasta ahora desconocido en Colombia.

Después del asombro, la cena. Una gala que no se acostumbra en Colombia donde apenas si sirven unos "vinillos" en la inauguración de las exposiciones. Fue la comida allí en el gran salón comedor del Palacio Real, donde igualmente el plebeyo Napoleón se asombró por la fastuosidad de la familia Saboya y otras figuras de la nobleza europea a la que acababa de destronar. Ahora más de mil personas a la mesa, y 150 meseros, en un derroche de gusto, costo y refinamiento que sólo se pueden dar las grandes ciudades ricas del mundo habitadas por las sombras tutelares de los más grandes creadores de la especie humana. Todo en honor de un colombianito paisa, consagrado otra vez en el corazón del norte de Italia, allí donde se produjo esa segunda oportunidad que tuvo la humanidad y que se llamó el Renacimiento.

ImageY después, caminar a la media noche, mirar las vitrinas donde se ofrecen trajes de mujer a 20.000 euros y relojes a 250.000 y un automóvil Maybach por 700.000, y un par de zapatos de dos mil euros, que jamás serán míos, y observar otra vez las grandes estatuas en la calle, y los turistas que las miran con asombro. Atrás quedan los quince salones del Palacio habitados ahora por los personajes provincianos de Botero… Y recordamos a ese vendedor de Padua que ofrece en el mercadillo las sábanas y las fundas con las grandes estampas de las gordas de Fernando Botero, y que vende más que las otras sábanas y fundas estampadas con las obras de Renoir, Monet, Picasso y otros más de la misma grandeza.

 
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