Nosotros, en América del sur, […] tenemos todavía la posibilidad de mentir. Para ser creídos, mentimos y todo el mundo nos cree. Ventaja extraordinaria. Nuestra mentira es la del arte y el arte no es otra cosa que mentira2.
En el campo del arte, el término mentira se ha sustituido por el de ficción y fantasía; términos que nos conectan con nuestro inconsciente y que nos posibilitan el paso a otra realidad. El arte-mentira del que habla Botero, será una reivindicación de la subjetividad, en donde la mentira permite la desinhibición del artista para alcanzar la libertad creativa. Por tal razón, Botero considera que lo que hay que hacer en pintura es crear un mito que sea más aceptable que la propia realidad, que sea aceptable con más fuerza que la realidad3.
Situarnos en Colombia como mito nos hace pensar en una de las principales riquezas del país: su mestizaje. La confluencia de culturas indígena, africana y europea que, con sus tradiciones, mitos y leyendas, dieron origen al nuevo mundo. El mestizaje ha comportado la gran diversidad que ha caracterizado al país. Colombia en sí resulta abundante; abundante en razas, colores, paisajes, climas, que, junto con una naturaleza desbordante, definen la vida de sus habitantes. Este es el motivo por el que algunos artistas han encontrado en la exageración la forma de plasmar esta abundancia tan particular. Es una exageración que, construida a través de la imaginación y de la ficción, da paso a un nuevo universo donde el mito prevalece sobre la realidad.
Se ha de observar que las leyendas en Colombia surgen de la realidad cotidiana. Leyendas, creencias y el valor de lo cotidiano que, transmitidos 1 Gilbert Lascault, Botero. La pintura. Elogio de las esferas, de la carne, de la pintura y de muchas otras cosas más, Madrid, Lerner & Lerner, 1992, p. 87.
2 Cf. Jean-Clarence Lambert, Botero Esculturas, Bogotá, Villegas Editores, 1998, s. p.
3 José Manuel Caballero Bonald, Botero La Corrida, Madrid, Lerner & Lerner, 1989, p. 156 oralmente de generación en generación, se convierten en la memoria colectiva, en el imaginario colombiano. Un imaginario marcado por la sensualidad, los sentimientos, la política, la religión y un muy singular marco geográfico y climático. Esta realidad del trópico, llena de extremos que van desde lo paradisíaco a lo infernal, unida a una inagotable imaginación, dan paso a universos paralelos a través de la literatura y el arte.
Cuando llegué a Florencia experimenté, de manera muy personal e íntima, lo que pudo haber sentido Botero años atrás al llegar a esta ciudad, donde el arte se manifiesta de manera espléndida en su arquitectura monumental y que ofrece en sus museos algunas de las más reconocidas obras de arte del Renacimiento italiano. Fue entonces cuando adquirió pleno sentido el comentario del profesor Carlos Arturo Fernández, quien en el transcurso de una conferencia sobre Botero impartida en Barcelona, indicó que "Botero argumentaba que él no había conocido el arte hasta que llegó a Europa". Es evidente que el contacto directo con el arte, visual o táctil, permite una experiencia sensorial mucho más intensa, en nada parecida a la propiciada cuando esas mismas manifestaciones del arte las contemplamos a través delas medios de las reproducciones gráficas. Y es que, en Florencia, el arte esparte de la ciudad, y la ciudad lo es del arte.
Conocer el centro de la cultura y del arte en el mundo, como lo es el marco medieval conformado por el Piazzale degli Uffizi, la Piazza della Signoria y el Palazzo Vecchio, es todo un acontecimiento; también lo es el imaginar en tal escenario monumental la obra escultórica de Botero. El Palazzo Vecchio, fue el centro político y social de Florencia durante siglos. Enmarcado por famosas esculturas como el Perseo de Cellini (1554), El rapto de las sabinas de Giambologna (1583), y La fuente de Neptuno de Ammannati (1575), se convertiría en el centro de conmemoración de los grandes eventos florentinos.
En este marco tan especial, en que el acceso al Palazzo se encuentra flanqueado por bellas copias del David de Miguel Ángel, o del Marzocco de Donatello, resulta absolutamente "fantástico" imaginar las rotundas esculturas
de Botero. Este hecho se convertiría ante mis ojos en un acontecimiento propio
del realismo mágico. Recordé entonces los comentarios de Jean–Clarence
Lambert con respecto al sentido de la belleza en el arte para el mundo
europeo, y la extrañeza que pudo ocasionar en los franceses la exposición de
las esculturas de Fernando Botero en los Campos Elíseos de París:
El gusto de cada época artística es una variable indefinible. Sin que se
sepa por qué ni cómo, uno ama o deja de amar las obras del pasado, el arte
oficial sobre todo, que rara vez distingue lo más valioso que produce ese
momento. Se recuerda el rechazo horrorizado que generó, a comienzos de
siglo, el Balzac de Rodin […]. No era posible proponerles un enfrentamiento
más provocador que el de las 31 esculturas gigantescas de Fernando Botero,
resplandecientes y negras, expuestas desde la Concordia hasta el round
point de los Campos Elíseos de octubre de 1992 a enero de 1993. Porque en
realidad, esas obras colocadas por potentes grúas, entre árboles y
bosquecillos plantados «a la francesa» y más acostumbrados generalmente a
¡copias de lo antiguo!, provienen de otro mundo y de otro tiempo. Botero
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recuerda, no sin algo de orgullo, las reacciones que se dieron ese día. En
verdad, no lo sorprendieron4.
7.1 QUÉ ES EL REALISMO MÁGICO
7.1.1 EL REALISMO MÁGICO EN EL ARTE Y EN EUROPA
El realismo mágico es la visión de la realidad diaria de un modo
objetivo, estático y ultrapreciso, a veces estereoscópico, con la introducción
un poco enfática de algún elemento inesperado o improbable que crea un
efecto raro o extraño que deja desconcertado, aturdido o asombrado al
observador en su museo o al lector en su butaca5.
Después de la primera guerra mundial, la Europa de los años veinte
accedió a un nuevo debate sobre los temas del clasicismo, tanto en el arte
como en la literatura. Países como Italia tuvieron con ello la oportunidad de
reconsiderar el origen de sus raíces más profundas. Un grupo de artistas
provenientes de diversas experiencias plásticas, entre los cuales estaban los
ex–futuristas Carlo Carrà y Gino Severini, al igual que Giorgio Morandi y los
griegos Giorgio de Chirico y Alberto Savino se dan cita en París, capital del arte
por ese entonces.
Su intención no fue sólo un "retorno al orden", después de haberse
producido la ruptura de las vanguardias en el inicio de siglo, como retorno
pasivo, automático y nostálgico a los valores seguros del pasado, sino que
buscó, ante todo, generar una vigorosa fuerza polémica, una expresión
ansiosa, después del frenético decenio que la historia del arte había atravesado
entre los años 1905 y 1915: fundar el arte de la pintura sobre bases más
sólidas y estables. Simultáneamente con "el retorno al orden" se produjo el
"retorno al oficio" y el desarrollo del concepto de "clasicismo pictórico", lo que
condujo a la recuperación de las reglas clásicas de organización del cuadro y a
su construcción geométricamente perfecta, conllevando la aceptación, como
modelo referente, de los maestros del pasado como Giotto, Paolo Ucello, Piero
della Francesca o Masaccio.
Entre los años 1920 y 1923, esta renovada capacidad de hacer pintura
recibió diferentes nombres: realismo mágico, neoclasicismo, Nach
Expressionismus o Neue Sachlichkeit6.
El término "realismo mágico" fue utilizado en primer lugar en la crítica de
arte, y años más tarde, en la literatura. La expresión "realismo mágico" ya fue
4 Jean-Clarence Lambert, op. cit., s. p.
5 Seymour Menton, Historia verdadera del realismo mágico, México, Fondo de Cultura
Económica, 1998, p. 20.
6 Maurizio Fagiolo dell’Arco, Clasicismo pittorico. Metafisica, Valori Plastici, Realismo Magico e
"900",Genova, Edizioni Costa & Nolan, 1991, pp. 7-9.
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utilizada en uno de los escritos de Giorgio de Chirico a finales de 1919, quien
quiso designar con ella, más que la metafísica en sí misma, la forma moderna
de un realismo capaz de dar a conocer el sentido de la melancolía de los
signos7; pero sólo se difundió a partir de 1925, cuando el crítico alemán Franz
Roh, en su libro Nach Expressionismus: Magischer Realismus Probleme der
Neuesten Europaischen Malerei8 lo empleó para caracterizar a un grupo de
pintores alemanes que había retornado a la figuración fría y nítida, inspirada en
el ejemplo italiano. Entre ellos estaban Kanoldt, Schad, Schrimpf. Los tres
contaban en su bagaje formativo con viajes que les habían permitido una
relación continua con el arte italiano: el primero de ellos, Kanoldt, había vivido
en La Toscana desde 1913 hasta 1921; el segundo, Schad, había residido en
Nápoles y Roma, entre 1920 y 1925; el tercero, Schrimpf, desde 1922, había
mantenido una estrecha amistad con el pintor italiano Carlo Carrà, eligiendo
Italia como segunda patria. También es destacable la importancia que para
ellos ejercieron artistas como Edita y Mario Broglio, Giorgio Morandi y Giorgio
de Chirico. Estos últimos, a finales de 1918, editaron la revista Valori Plastici
donde se teorizaba e ilustraba "el retorno al orden"9.
Existía en ellos el deseo de que la realidad se restableciera como tema de
inspiración para el artista ("ripristinare la realtà nel contesto della sua visibilità"),
volviendo a ser de la pintura un espejo del mundo externo tangible. En cuanto
al misterio de lo mágico, según Roh, no entra en la representación del mundo
pero permanece detrás de las cosas, implicando una conciencia doble del
mundo. "Così l’interno sogno fantastico sembra dissolto; il nostro rapporto col
mondo, sembra tornare a proporsi ai nostri occhi nel nitore del mattino"10.
Paralelamente, el italiano Massimo Bontempelli consideró que era
necesario reencontrar una naturalidad, aclarando que "la naturalezza non è la
natura". Con relación a los artistas del Quattrocento afirmó que ellos plasmaron
un "realismo preciso", envuelto en una atmósfera de estupor:
Di qui lo stupore, espressione di magia, vero protagonista di quella
pintura del Quattrocento. Di qui quelle atmosfere in tensione, ancora più
precise e vibranti che le forme della rappresentata materia (questo è puro
«novecentismo», che rifiuta così la realtà per la realtà, come la fantasia per la
fantasia, e vive del senso magico scoperto nella vita quotidiana degli uomini e
delle cose)11.
La fluctuación entre lo que era verdad y lo que era magia marcó el proceso
polémico de definición del realismo mágico, ante lo cual Bontempelli, luego de
7 Jean Clair, "Sul realismo magico", en Maurizio Fagiolo dell’Arco, Realismo Magico. Pittura e
scultura in Italia 1919-1925, Milano, Mazzotta, 1988, p. 39
8Franz Roh, Nach Expressionismus. Magischer Realismus. Probleme der neuesten
europäischen Maleri, Leipzig, Klinkhardt & Biermann, 1925.
9 Jean Clair, op. cit., p. 39.
10 Maurizio Fagiolo dell’Arco, Clasicismo pittorico, cit., p. 16. No debe olvidarse que Roh era un
estudioso de la fotografía de vanguardia, de ahí la calidad de sus apreciaciones.
11 Ibid., p. 17.
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un agudo análisis del término, habló sobre el acuerdo entre hombre, mundo
real y magia, y en cómo dominarlo:
Perché non per niente l’arte del Novecento avrà fatto lo sforzo di
ricostruire e mettere in fase un mondo reale esterno all’uomo. Lo scopo è di
imparare a dominarlo, fino a poterne sconvolgere a piacere le leggi. Ora, il
dominio dell’uomo sulla natura è la magia. Ed ecco spiegati certi caratteri e
certe velleità magiche che vediamo spuntare qua e là12.
Otra de las afirmaciones interesantes y esclarecedoras en la definición del
término, hecha por Massimo Bontempelli, fue: "la realidad, cuando es hecha
arte es pura fantasía". Asimismo, consideró que el arte coincide con la magia
porque en el fondo, el arte es magia, y tal vez ése sea el único encantamiento
concedido al hombre, y es de donde evoca las cosas muertas, la aparición de
cosas lejanas, las profecías sobre el futuro, la alteración de las leyes de la
naturaleza; todo desde la imaginación:
Mi dispiace enormemente essere frainteso quando –ma mi accade
raramente- mi servo della parola "magia". Non solo con essa indico la
necessità di non attenersi alle spiegazioni "naturali" di tutto ciò che l’uomo
vede, e di cui si interessa; qualche volta anche ho affermato che è necessario
vestire di magia non soltanto la propia conoscenza, ma anche i propri atti, e
soprattutto considerare sotto specie di magia le attuazioni e le interpretazioni
artistiche che diamo delle cose: la poesia13.
Roh mostró el cambio conceptual en la pintura de la siguiente manera: los
impresionistas pintaban lo que veían, siendo fieles a la naturaleza de los
objetos y a las sensaciones cromáticas del instante en que eran plasmados
sobre el lienzo. Posteriormente, los pintores expresionistas se revelaron contra
la naturaleza, pintando objetos inexistentes o tan desfigurados que parecían
extraterrestres. Años más tarde, los post-expresionistas como Beckmann,
Groz, Otto Dix, volvieron a pintar objetos ordinarios, sólo que lo hacían con ojos
maravillados, porque más que regresar a la realidad, contemplaban el mundo
como si acabara de resurgir de la nada, en una mágica recreación. Empezaron
entonces a referirse a un arte de realidad y de magia, razón por la cual, Roh le
dio el nombre de "realismo mágico"14. "Il ritorno al soggeto vero ma inquadrato
in modo estraniato"15.
Asimismo, Roh consideró que para establecer la relación entre el realismo
mágico del arte y el de la literatura era necesario establecer una relación entre
ambos más allá del lenguaje metafórico, dado que la pintura, como arte del
espacio, se nos manifestaba a través de la línea y el color, mientras que la
literatura, como arte del tiempo, nos llegaba a través de la palabra y el ritmo;
para dicha relación él aplicó la siguiente dialéctica:
12 Ibid., p. 18.
13 Ibidem.
14 Cf. Enrique Anderson Imbert, El realismo mágico y otros ensayos (1976), Caracas, Monte
Ávila editores, 1992, p. 11.
15 Maurizio Fagiolo Dell’Arco, Clasicismo pittorico, cit., p. 21.
COLOMBIA EN LA PINTURA DE FERNANDO BOTERO