Japón y el reto de la triple catástrofe

Gobierno, empresas y sociedad buscan superar la tragedia del 11 de marzo pasado; la meta es convertir al país en uno que resista cualquier desastre; la reconstrucción es vista como una oportunidad para revitalizar a la tercera economía mundial

TOKIO.— Esta gran metrópoli es una jungla de concreto y cristal, avenidas y puentes y pocas áreas verdes, con un tránsito fluido y ordenado y cierta sensación de prisa, indiferencia y frialdad. Es el resultado del desarrollo de una vieja civilización post-industrial que presume sus rascacielos, alta tecnología y trenes bala y confía en el talento de sus técnicos e ingenieros para hacer frente a cualquier calamidad, como la ocurrida el pasado 11 de marzo.

Ese día, Japón sufrió una catástrofe triple: un terremoto de 9 grados en la escala de Richter, el mayor registrado aquí; un tsunami que devastó la costa nororiental y dejó 15 mil 853 muertos, tres mil 283 desaparecidos, seis mil 13 heridos y numerosos daños materiales, y un accidente nuclear en la planta de energía de Fukushima.

Un día después, como signo de la magnitud de la tragedia, el normalmente iluminado archipiélago japonés lucía una mancha oscura, visto en la noche desde el espacio. Era el apagón en la región de Tohoku, al noreste del país.

Hoy Japón busca recuperar su vitalidad. El desastre, causado principalmente por el maremoto, es visto como una ventana de oportunidad no sólo para reconstruir las zonas afectadas, sino también para reestructurar y revitalizar la estancada economía japonesa, la tercera a nivel mundial, detrás de la estadounidense y la china.

También se considera que el proceso de reconstrucción de Japón puede ser útil al resto del mundo cuando ocurran otras catástrofes y que la “kizuna”, un concepto ancestral que alude a los lazos de solidaridad en una familia, ha tenido y debe seguir teniendo una expresión no sólo local, sino mundial.

“Después del desastre, el gobierno de Japón puso todos sus esfuerzos en la recuperación de las áreas afectadas. Como resultado de ello hemos sido capaces de cerrar los centros de evacuación y hemos construido viviendas temporales para las víctimas de las zonas afligidas”, dijo Yoshio Ando, consejero de la Oficina de Reconstrucción. “También hemos hecho un gran progreso para retirar los escombros en las zonas devastadas, así como para la recuperación de los servicios públicos como el agua, la energía eléctrica y el gas, exceptuando ciertas áreas afectadas por la radiación debido al accidente nuclear”, explicó.

El 14 de marzo de 2011 había más de 320 mil personas en centros de evacuación, luego que el sismo y el tsunami destruyeron un total de 128 mil 861 casas y otros inmuebles, dañaron parcialmente 245 mil 22 y causaron desperfectos menores a 678 mil 624 más. Un millón 378 mil 762 hogares estaban sin electricidad y 20 municipios del noreste japonés quedaron sin agua potable. Hoy, todos los servicios fueron restaurados y sólo 780 personas viven en centros de evacuación en seis prefecturas.

Una tarea formidable

El Ministerio del Medio Ambiente estima que el sismo y el tsunami generaron 25 millones de toneladas de escombros. La tarea de removerlos es formidable. Como es imposible tener espacio para depositar tal cantidad de restos de madera, concreto, metal, sedimentos, artículos domésticos, vehículos y barcos averiados, se estableció una política de separación de materiales y reciclado. En la ruta a Sendai y Natori aún pueden observarse grandes cúmulos de deshechos perfectamente separados.

El terremoto y el tsunami dañaron la cadena de suministros claves para la industria automotriz, pero la recuperación tomó sólo tres meses, en lugar de 12, como fue la estimación inicial.

En el país del sol naciente reina un nuevo espíritu, fincado en los lazos tradicionales de la cultura nipona para seguir adelante, trazar nuevas metas y realizar ambiciosos proyectos. El 22 de mayo próximo, por ejemplo, será inaugurada en esta capital la torre de televisión más alta del mundo, la Tokyo Sky Tree, con 634 metros de altura y dos observatorios: el primero a 350 metros y el segundo a 450. La torre, que cuenta con la tecnología antisísmica más avanzada, ha sido levantada respetando las líneas históricas de la arquitectura japonesa.

Desarrolladores inmobiliarios presumen por su parte otras construcciones como modelos avanzados de hábitats ecológicos en una nación donde el espacio es reducido. Es el caso del complejo urbanístico Roppongi Hills, que incluye una torre de 52 pisos, donde existen oficinas, residencias y centros comerciales, con sistemas avanzados de energía que pueden abastecer a 10 mil hogares y resistir terremotos. Lugares preparados para emergencias y catástrofes naturales, con equipos de alerta sísmica temprana, bodegas de almacenamiento de víveres y planes detallados de organización en caso de desastre.

El territorio japonés, ubicado en el llamado “cinturón de fuego de Pacífico”, de alta sismicidad, está constituido en un 75% por montañas, con 265 volcanes, 20 de ellos activos, y las tierras planas habitables son mínimas y se encuentran cerca de las costas y parecen extremadamente vulnerables frente a la inmensidad del océano Pacífico.

Crear una nueva nación

Ahora la principal misión histórica del pueblo japonés es “crear un nuevo Japón, no traer de vuelta al viejo”, dijo el primer ministro Yosihiko Noda, en un mensaje al Parlamento en enero pasado. “Cada esfuerzo será hecho para revitalizar la economía de Japón, tanto en las áreas afectadas por el terremoto como para que Japón pueda superar el largo estancamiento y encaminarse a la prosperidad”, expuso el premier.

El consejero Ando explicó que “la reconstrucción deberá contemplar la creación de comunidades que resistan desastres naturales y la revitalización de sus economías, no sólo recuperando las industrias afectadas, sino también atrayendo nuevos sectores e inversiones, con incentivos fiscales y desregulación”.

Para la reconstrucción han sido aprobados tres paquetes presupuestarios por un total de más de 240 mil millones de dólares, que serán financiados con bonos de reconstrucción, reducción del gasto público y aumento de impuestos. La reconstrucción tomará tiempo, tal vez entre cinco y 10 años, según los cálculos del gobierno japonés, que admite que hay grandes obstáculos en el camino: la fase deflacionaria en que se halla el país desde mediados de los años 90; un yen fuerte que perjudica a las exportaciones e incrementa el déficit comercial; la deuda fiscal más elevada de los países desarrollados (220% del PIB) y la postergada transformación de la estructura industrial.

Por otra parte, el impacto de los cortes productivos como resultado de la catástrofe del 11 de marzo y la competencia internacional quitaron a Toyota el liderazgo mundial de la producción de automóviles, con una caída en sus ventas a nivel mundial en 2011 de 5.6%, quedando en tercer lugar detrás de la estadounidense General Motors Co., y de la alemana Volkswagen AG, según reportes de la prensa local.

El problema poblacional

Otro problema lo constituye una población envejecida y declinante. Un estudio elaborado por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, publicado por el diario Yomiuri Shimbum, indicó que Japón se convertirá en una sociedad “súper-gris” en 2060, cuando los mayores de 65 años representarán 39.9% de la población.

El número de jóvenes menores a 15 años ascendió en 2010 a 16.84 millones, pero en 2060 bajará a 7.91 millones, según las previsiones del estudio.

Con todo, prevalece la confianza. En una entrevista con EL UNIVERSAL, el viceministro de Relaciones Exteriores para Asuntos Parlamentarios, Toshiyuki Kato, recordó el concepto “kizuna” para referirse a la reconstrucción de Japón, abierta al mundo. “No es importante sólo para este país, sino para toda la comunidad internacional”, dijo. Explicó que es una demostración de lo que el esfuerzo conjunto, interno y externo, en forma de ayuda y solidaridad, puede hacer para salir adelante de una gran tragedia. Esto, consideró, es útil para la comunidad internacional como experiencia para superar desastres. “La solidaridad mostrada ha puesto de manifiesto los fuertes lazos de Japón con la comunidad internacional. El sentido de la palabra ‘kizuna’ es: todos somos miembros de esa gran familia que es la comunidad internacional”, expresó.

Es el Japón de hoy, interesado en expresar su gratitud a la comunidad internacional por el apoyo y la solidaridad recibidos. De este modo, según la imagen evocada por el propio premier nipón en un videomensaje al más reciente Foro de Davos, las luces del país han vuelto en la noche estelar. Lo cierto es que no pocas, al igual que las vidas que alumbraban, quedaron apagadas para siempre.




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