Las nuevas penitencias


Por Óscar Domínguez G.
Roma no duerme. La burocracia vaticana tampoco. En sus ratos de ocio, los teólogos, voyeristas de la moral ajena, se dedican a clasificar los nuevos pecados del bobo sapiens de la era de internet.
Cada época se da sus propios pecados. O más bien: pecamos igual a lo largo de los tiempos. Cambia la semántica. Pero Roma nada que agarra el toro por los cachos.

El Papa Benedicto anda ocupado trinando, o sacando al burrito del pesebre. Se ha olvidado de poner la penitencia a tono con los tiempos. Con el ánimo de darle una mano, propongo una nueva penitencia a ver si mejoramos. Al hombre le tienen que dar donde le duela. O no aprende.

Empecemos por los corruptos. No se contentan con lo mucho que tienen. Les gusta más la plata ajena que la mujer del prójimo. Roban para después del canazo. Y para redistribuir sus tramposos ingresos con los mejores abogados.

En penitencia, a los corruptos se les debe obligar a un menú diario copiado del que las Farc les dan a sus secuestrados. Nada de celular, BlackBerry, ni internet. Se merecen la operación Lisístrata, vale decir, que las mujeres les cierren las piernas. Todos los días deben llenar planas de cien con este texto:“No debo ser corrupto, eso es muy feo. Mamá no me mima por tumbador”.

Si usted es de los que arregla las diferencias dándole en la jeta al adversario y ha ocupado las más altas posiciones, la penitencia es esta: un semestre de ocio, ocio, ocio. Y silencio en twitter por el mismo tiempo.

A los guerrilleros se impone esconderles todos los cilindros con los que masacran a la población civil. Para ellos es válida la operación Lisístrata, que las mujeres no les den ni la hora de la semana pasada. A los que agarren se les debe someter a ocho diarias de trancones bogotanos. Se sugiere a Roma ordenar que se les retire el saludo y la mirada en reciprocidad por el horror que producen. Planas de cien a Timochenko y a sus cacofónicos muchachos con el discurso del senador Gerlein contra la población LGBT.

Está claro que los senadores que reeligieron al Procurador Ordóñez estando impedidos, no merecen la compañía del Black Berry. Que ellos mismos compren la gasolina, se paguen los blindados; ni un peso en rebajas en los pasajes aéreos ni en tarifas de hotel. No depositar por ellos ni el voto de castidad en próximas elecciones.

Al Procurador Ordóñez se le esconderá el Rosario hasta nueva orden. Ni pepitoria, ni mute santandereanos, ni un primer viernes de mes más por aplicar la constitución desde su órbita religiosa. Debe almorzar – y pagar la cuenta- con un ateo distinto todos los días. Empezar con Humberto de la Calle, seguir con Héctor Joaquín Abad.

Responsables del fallo de la Corte Internacional de Justicia deben volver a primer semestre de derecho en cualquier universidad de garaje. Estricta dieta de novelas, mujeres, periódicos e internet hasta no recuperar los 70 mil kilómetros que se dejaron quitar.

En mínima represalia por su facilidad para hacer nuevos mejores amigos, el presidente Santos comerá con la derecha. Se le decreta dieta de póquer. No más pantalones amarrillo pollito en sus desplazamietos de fin de semana. No lo cobija la operación Lisístrata porque lo necesitamos bien “cuchilla”.

“Roybarrerizar”es el nuevo verbo con el que el presidente del senado enriqueció el diccionario de la pequeña política. La penitencia es obvia: queda incapacitado para voltearse una vez más. Tendrá que ser fiel a algo. ¿A qué? No se sabe. Esa será le nueva mejor-peor penitencia para alguien que se despierta y no sabe si es el Roy de ayer, de hoy, o de la semana entrante. Operación Lisístrata para Barreras. Todo complementado con una estricta dieta de silencio. Seguiremos informando.




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