Los cincuenta años del Muro de Berlín


El aniversario se ve empañado por una apreciable nostalgia hacia el trágico símbolo de la Guerra Fría
Empezó hace justo cincuenta años en mitad de Berlín. Primero como una división improvisada que el régimen comunista del Este empezó a levantar de noche a base de alambradas y barreras de ladrillo para segregar a una ciudad de casi cuatro millones de habitantes. Aunque en cuestión de pocos días esa encarnación del Telón de Acero empezó a transformarse en una monstruosa estructura que terminó por simbolizar la Guerra Fría. Al cumplirse medio siglo de toda esa locura brutal, Alemania conmemoró ayer la ocasión rindiendo homenaje a los centenares de víctimas mortales de su Muro, además de cuestionarse la increíble nostalgia que todavía inspira esa tragedia de hormigón que perduró durante casi tres décadas.

PEDRO RODRÍGUEZ
Día 14/08/2011
Los cincuenta años del Muro de Berlín
Al mediodía del sábado, Berlín se volvió a unir en un minuto de silencio. Todo el transporte público se detuvo entre banderas a media asta, dentro de unas ceremonias que empezaron la noche anterior con una vigilia en la que se leyó la relación de los que perdieron la vida en el intento de sortear una muralla con hechuras de inexpugnable. Al menos los nombres de las víctimas conocidas, ya que los historiadores coinciden en que las cifras oficiales se quedan bastante cortas al excluir a muchos muertos anónimos.

El presidente de la Alemania reunificada, Christian Wulff; la canciller Angela Merkel, que creció en la Alemania del Este; y el alcalde de Berlín, Klauss Wowereit han participado en esa jornada de luto y reflexión, que ha incluido un servicio religioso en una capilla construida no muy lejos de la «tierra de nadie» que cercenó la capital germana hasta hace 22 años. Según explicaba Merkel: «Yo misma, cuando tenía siete años, me acuerdo del horror que la construcción del Muro provocó en mi familia. Desde ese momento, nos separaron de nuestras tías, primos y abuelos. Esto, por supuesto, marcó toda mi vida».

En esta ocasión televisada, desde la calle Bernauer notoriamente dividida hace cincuenta años, el alcalde Wowereit ha denunciado las cuestionables emociones que algunos alemanes tienen hacia el Muro de Berlín, incluido el revisionismo histórico de izquierdas que intenta justificar lo que ocurrió hace medio siglo. Según el responsable municipal: «No tenemos ninguna tolerancia hacia los que distorsionan nostálgicamente la historia del Muro y la división de Alemania. El Muro fue parte de una dictadura y resulta alarmante que incluso hoy en día algunos argumenten a su favor. No. No hay razón legítima ni justificación posible para violar derechos humanos y asesinar».
Moción extraordinaria

La jornada ha coincidido con un cónclave político de la izquierda alemana para debatir una moción extraordinaria para declarar la construcción del «muro de defensa anti-fascista», según se denominaba en el Este, como una decisión necesaria y positiva. Según una encuesta publicada este mes por el «Berliner Zeitung», un 30 por ciento de los habitantes de la capital alemana piensa que el Muro estuvo justificado o parcialmente justificado. Ya fuera para detener el éxodo de la República Democrática Alemana —cerca de 2,5 millones de personas entre 1945 y 1961— o para intentar estabilizar la situación de Alemania durante la Guerra Fría.

Este fenómeno de ambivalencia, al estilo de la película «Goodbye Lennin», estaría vinculado directamente, según análisis sociológicos, a incertidumbres económicas a pesar de la prosperidad financiera de Alemania. Especialmente, el resentimiento existente entre mujeres de Alemania del Este que tenían entre treinta y cuarenta años cuando el colapso del Muro en noviembre de 1989, con la consiguiente pérdida de ayudas, privilegios y promociones disfrutados bajo el régimen comunista. Aunque según ha recalcado el presidente Wulff en las páginas de «Die Welt», la Alemania actual puede enorgullecerse del «irreprimible deseo de libertad de los alemanes del Este y la solidaridad que han tenido con ellos los alemanes del Oeste».




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