Mariana Pajón, la niña dorada

Por: Pacho Escobar
Mariana Pajón se instaló en el carril número cuatro (4) de salida. Se paró en su bicicleta con el uniforme blanco atravesado por la bandera tricolor de Colombia y su casco de colores fosforescentes. Medio país paralizado viendo la emisión. Al caer el partidor Mariana bajó la rampa de ocho (8) metros de altura a 58 kilómetros por hora. Con el impulso y una técnica perfecta voló por encima de los seis primeros obstáculos de dos metros de altura, desafiando la gravedad. Llegó por dentro al exagerado peralte de asfalto, dio otro par de pedalazos dejando atrás a la neozelandesa Sarah Walker y a la holandesa Laura Smulders. Entonces nadie la pudo alcanzar.

Al llegar a la meta levantó su cabeza al cielo y le dio a Colombia la segunda medalla de oro en su historia. Pero toda esta historia comenzó así:

Hace casi dos décadas, cuando la ‘Tata’ tenía tres años y el niño Dios le trajo en Navidad una bicicleta rosada con imágenes de la Barbie, ella destapó su regalo que llevaba llanticas de apoyo para el equilibrio, se subió y estuvo desde las ocho de la mañana hasta las siete de la noche pedaleando por toda la casa. Al día siguiente la manejaba como si hubiese nacido montada en ella.

El gusto por la bicicleta es de familia. Su hermano, Miguel, tres años mayor que ella, formó parte desde niño de la liga de bicicrós de Antioquia y su papá fue ciclista en su juventud. Mariana prefería acompañar los sábados a su hermano a la pista que quedarse jugando a las muñecas con sus primas. Preguntaba mucho, imitaba algunos gestos que ella no sabía que eran instrucciones técnicas y los consejos de los profesores los captaba más la niña que el pequeño Miguel. Dos años más tarde se realizó en Medellín el campeonato intercontinental de bicicrós y Mariana, con tan solo cinco años, se inauguró. Para sorpresa de sus competidores todos hombres y mayores que ella, la niña ganó la valida.

En tercero de primaria, Mariana era un ejemplo a seguir entre sus compañeras del Sagrado Corazón Montemayor. Con el dinero que no tenían, sus padres la acompañaron al Mundial que se realizaba en Francia, donde ganó medalla de bronce. Los trofeos comenzaron a adornar el cuarto de Mariana y, cuando superaron los 50, coparon toda la casa. Con el campeonato mundial que ganó en el 2000, en Argentina, empezó su ascenso a las cima de esta especialidad ciclística que podría darle a Colombia las más grandes felicidades de su historia deportiva.

Mariana Pajón ha ganado 13 títulos mundiales, 10 campeonatos panamericanos, 9 latinoamericanos y 2 en Estados Unidos.

A los diez años recibió su primera oferta laboral: correr con un equipo privado el campeonato nacional de los Estados Unidos. Lo aceptó para aprovechar y aprender inglés, y se impuso en los juegos norteamericanos del 2001. Su carisma le sirvió para que la fanaticada la fuera aceptando a pesar de su origen latino. Pero ser deportista de alto rendimiento no es fácil. Y duele.

Mariana lo descubrió con su primer accidente en el que se fracturó la clavícula derecha. Vendrían otras caídas con sus lesiones y a mediados del 2007 se fracturó en tres partes la mano derecha, la del freno. Entrenó, a pesar del dolor para el mundial de China hasta que otro accidente la llevó al quirófano donde le colocaron dos platinas y nueve tornillos en la misma mano.

Llegó el mundial de China 2008 y, contra todo, allí estaba Mariana presente. Arrancó con fuerza pero iniciando el peralte otra competidora la cerró y la paisa terminó en el asfalto y después en el hospital. Sin lágrimas recibió el mensaje del médico que daba por concluida su participación. Pero la perseverante paisa, con la mano vendada y un tornillo salido, se prometió participar en la valida Crucero, la carrera más importante del mundial. Y lo logró: se coronó campeona del mundo evitando al máximo apretar el freno.

Tuvieron que pasar más de doce años, ganar diez campeonatos panamericanos, nueve latinoamericanos, dos en Estados Unidos y trece títulos mundiales, para que Mariana se convirtiera en bicicrosista profesional. Años en los que su familia respondió por los costos hasta que su éxito tuvo eco en las grandes marcas que empezaron a buscarla, pero la colombiana tomó una decisión de correr con el equipo de la liga de BMX Colombia.

 

A pesar de que una medalla olímpica en Estados Unidos se la pagan a los deportistas por un millón de dólares frente a los cien mil dólares que pagan en Colombia, Pajón decidió correr por su país natal.

En el 2011 llegó a las pistas de Londres para competir en un campeonato privado y entrenarse para el mundial del mismo año en Dinamarca. En las pruebas del sábado, Mariana salió velozmente del partidor y, desafiando la gravedad, se elevó en la primera rampa. En ese momento sintió un golpe, sin darse cuenta chocó en el aire con una holandesa, y al caer otra competidora pisó su cuerpo con las dos llantas. Los exámenes detectaron dos costillas fracturadas, y algo peor aún, un hematoma en un riñón. De nuevo la recomendación médica fue el retiro.

Pero no, el viernes 29 de julio de 2011, la colombiana atrajo todas las miradas cuando reapareció recuperada en la pista de Dinamarca. La ‘hormiga atómica’, como le dicen en las pistas por su delgada contextura frente a sus demás rivales, se subió en su bicicleta roja de 24 pulgadas, y se instaló en el primero de los ocho carriles. Cuando se bajó el partidor, Mariana realizó un descenso limpio, tomó la primer rampa desafiando una vez más la gravedad, al caer cogió la delantera en la primera recta, en el peralte dejó atrás a Sarah Walker, de Nueva Zelanda, y a la francesa Magalie Pottier. Pajón siguió saltando los obstáculos a unos 58 kilómetros por hora, dos peraltes más con una técnica de muñeca, llegó la recta final y levantó su mano celebrando el campeonato mundial más luchado de su vida.

En el 2009, el comité de los juegos olímpicos aceptó el BMX en la máxima deportiva. No obstante, Mariana Pajón, a pesar de ser la número uno en ese momento, no pudo participar por no cumplir con la mínima edad exigida para participar en Beijín, le faltaban dos años. En el 2012 clasificó para los Juegos Olímpicos de Londres.

Hoy Pajón es para el bicicrós lo que Messi para el fútbol, Bolt para el atletismo, Woods para el golf o Federer para el tenis.

Sus apoyos más cercanos: Carlos Mario, su papá; Claudia, su mamá; Miguel, su hermano y su entrenador Jorge Jaramillo, poco hablan del certamen. Ellos la acompañan, mientras la joven entrena sin tregua ocho horas al día: gimnasio, ejercicios cardiovasculares, pesas y pista. Hace dieta y le sobra tiempo hasta para hacer comerciales.

El millón de dólares que le ofreció el comité deportivo de los Estado Unidos, para que compitiera por su equipo en los Olímpicos de Londres, forman parte del pasado. Este 10 de agosto de 2012, ‘la Hormiga Atómica’, como le dicen en las pistas, puso a llorar de felicidad a Colombia al ganar el oro olímpico.


Mariana-Pajon




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