¿QUIÉN RETROCEDE: LA HISTORIA O EL TIEMPO?


Por  Jaime Jaramillo Panesso

La historia da vueltas, recoge similitudes, sirve de escarmiento, compara etapas y nos grita al oído que vienen días parecidos. El tiempo siempre será diferente porque ya lo dijo Heráclito: nunca nos volvemos a bañar en el mismo río. Y el tiempo es como un río que va a dar a la mar, que es olvido.

Una nación es como un barco: puede llegar a puerto seguro si tiene un buen timonel. Pero un buen timonel, un buen capitán sabe que no siempre hay que marchar en línea recta, pues prever las tormentas, los desprendimientos de rocas de hilo, los sitios donde se esconden los piratas, los estrechos sembrados de minas, los espacios de las batallas entre fuerzas navales contrarias, en fin, los obstáculos de cada viaje se sortean con la inteligencia y la capacidad de mando que tenga el capitán del navío.

  Colombia no tiene un buen capitán. La nave es atacada por enemigos conocidos que tienden trampas conocidas en sus modelos de tiempos cercanos. En las décadas 80-90 del siglo inmediatamente anterior el terrorismo hizo presencia con su ola de bombas en las ciudades y caminos. El gran patrón de la escalada se llamó Pablo Escobar. La víctima desangrada y muerta fueron los civiles y los miembros de la Fuerza Pública. Y los civiles pertenecían a todos los estratos, sexos y edades. Pablo Escobar le declaró sentencia de terror y de muerte a toda la sociedad y, para ganarse a la seudo izquierda, se disfrazó de antimperialista, aunque vivía del mercado del imperio. No lo fue menos la guerrilla en el tenebroso uso de las bombas, más allá de las minas quiebrapatas y tatucos o cilindros. En el reino de la dinamita, el TNT, la pentonita y demás explosivos, eran monarcas de la muerte y la destrucción.

Acaba de ocurrir un grave atentado en medio de la población civil de la capital de la república. Los terroristas iban por la vida de Fernando Londoño. No coronaron su propósito, pero mataron a dos de sus acompañantes, hirieron a más de cincuenta ciudadanos y causaron destrozos millonarios en un área densa en comercio y servicios. Ese acto criminal fue preparado con mucha antelación por una organización que se alimenta de odio y venganza. Es mentira que tiene fines humanistas, políticos y altruistas. Solo una organización clandestina con reconocida experiencia, con todo el dinero disponible, con los militantes entrenados por el IRA y la ETA, con el conocimiento tecnológico en explosivos y los elementos complementarios de transporte, vías, mediciones de tiempos y movimientos, caletas y armamento, pudo ejecutar este crimen: las FARC. Y para hacerlo, se apoyó en la red clandestina del PC3.

Solo un general de la policía, Luis Eduardo Martínez Guzmán, Comodante de la Policía de Bogotá lo dijo desde el primer día. Pero el Capitán de este barco que se llama Colombia, a la hora de escribir este artículo, aún no sabe o no ha querido decir que fueron las Farc. Este capitán está perdido en el mar de los sargazos y da la impresión que también perdió el curso cuando fue grumete o algo parecido en la Armada. La historia no tiene “Tiempo” de contarle lo que nos va a suceder.




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