Coronavirus: ‘La pregunta ya no es si nos va a dar, la pregunta es cuándo’

Originalmente publicado en16 March, 2020 @ 9:44 pm

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Óscar Franco, epidemiólogo e investigador colombiano en Suiza, explica la gravedad del coronavirus.
Por: NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
En Suiza ya nadie se de la mano para saludarse. Ni se abrazan. Mucho menos se dan besos. En los buses, inusualmente vacíos, cadenas separan a los pasajeros del conductor para protegerlo de un potencial contagio de coronavirus. En las calles, en las estaciones de tren, en las universidades, en todas partes hay panfletos en los que se hace explícita la prohibición de darse la mano y se pide a las personas mantener la distancia frente a los demás.  relacionados

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En todas partes, los ciudadanos se encuentran con avisos amarillos y rojos que los exhortan a lavarse las manos, no saludarse de mano, toser en el pliegue del codo, a permanecer en casa si tienen síntomas, a llamar al médico y no ir a los hospitales antes de llamar.

Asimismo, los trenes que viajan hacia países como Alemania han reducido su número de vagones y, ahora, trayectos que hacían llenos de pasajeros los recorren casi desocupados.

Así lo relata el colombiano Óscar Franco, director del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, uno de los más importantes centros para la investigación en salud pública de Suiza y Europa y quien también es profesor titular adjunto de la Universidad de Harvard y de la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda)

Nacido en Bucaramanga, Franco primero estudió medicina en la Universidad Javeriana (Bogotá) y después hizo una maestría en epidemiología y un doctorado en salud pública en la Universidad Erasmo de Rotterdam.

Franco ha trabajado como profesor asistente de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde se especializó y dirigió el programa de salud pública. En el 2012 fue nombrado profesor titular de la Universidad Erasmo de Rotterdam, donde dirigió el programa de medicina vascular y envejecimiento. Fue director del programa de ciencias de la salud en esa institución antes de que lo llamaran desde Berna para dirigir el instituto que ahora tiene a su cargo.

Con más de 680 artículos académicos, su campo de investigación principal ha sido la prevención de la pandemia de la enfermedad cardiovascular y de las enfermedades relacionadas con los procesos de envejecimiento. Como epidemiólogo y salubrista, su trabajo consiste en manejar, modelar y comunicar los efectos de las epidemias en las poblaciones.

En el instituto en el que trabaja hay 170 investigadores distribuidos en 14 grupos de investigación en áreas como enfermedades infecciosas, salud planetaria, cambio climático y salud, enfermedad cardiovascular y VIH, entre otras. El instituto tiene como responsabilidad trabajar con las instituciones gubernamentales como la Secretaria Nacional de Salud (entidad equivalente al ministerio de Salud) para producir la información y las recomendaciones para la población general.

Nota: Esta entrevista fue hecha vía telefónica el miércoles 11 de marzo, cuando el investigador se encontraba en su instituto. Antes, ese mismo día, Franco asistió a un almuerzo de trabajó en el que estuvo una persona que después fue diagnosticada con coronavirus. Franco fue notificado el viernes 13 de marzo, razón por la cual decidió aislarse voluntariamente en el ático de su casa para proteger a su esposa, a su hijo y a las demás personas. 

¿Cuál es la diferencia entre una epidemia causada por enfermedades cardiovasculares y una como la que estamos viviendo, generada por una enfermedad infecciona como los virus?

Los términos epidemia y endemia fueron utilizados por primera vez por Hipócrates, quien habló de epidemia como algo que ocurre más frecuente de lo que se esperaría. Endemia hace referencia a lo que se volvió costumbre en un solo lugar; por ejemplo, el dengue se ha vuelto endémico en Colombia, pero yo no esperaría encontrarme con una infección por dengue en Suiza. En cambio uno sí podría tener un caso de Ébola en Colombia, porque no es endémico pero sí un brote epidémico. La enfermedad cardiovascular es la causa número uno de mortalidad y morbilidad en todo el mundo, por lo cual es considerada una epidemia. Una pandemia, como ya lo es el coronavirus, es una epidemia que empieza a distribuirse en más de dos continentes y que tiene un impacto global. La enfermedad cardiovascular: la diabetes, la obesidad, lo son.

La primera diferencia entre las enfermedades cardiovasculares y las infecciones es que las primeras no son comunicables, es decir que no pueden transmitirse a los demás, mientras que las infecciosas sí. La segunda diferencia es que las enfermedades infecciosas son causadas por un elemento que, en el caso del Covid-19 está causado por el coronavirus. La enfermedades cardiovasculares son multifactoriales, causadas por una combinación de varios factores, como el cigarrillo, el colesterol, la falta de ejercicio y la mala alimentación.

Ambas epidemias tienen comportamientos en el tiempo diferente. La enfermedad cardiovascular se desarrolla a través de décadas; mientras que las epidemias virales son eventos que pueden ocurrir por meses o años, pero no toman tanto tiempo como las otras para desarrollarse.

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¿Cuál es el estado de la epidemia por coronavirus en Europa?

Estamos viviendo las primeras fases de la curva epidémica. El virus se está expandiendo más en unas regiones que en otras, y los países están tomando diferentes medidas. En Italia están en un nivel en el que toda la nación está en cuarentena. Cuando hablamos de la distribución de una epidemia la describimos como una curva en cuya base está el tiempo y, en el eje vertical, el número de casos. Lo que vemos con la subida de la epidemia del coronavirus es que tiene una distribución exponencial. Estamos subiendo la curva. En China vemos que esta curva ya está bajando.

¿Cómo están las cosas en Suiza?

La situación es similar a la del resto de Europa. Suiza está dentro de los diez países del mundo con más casos, hasta el momento, porque esto cambia todos los días. Tenemos una población pequeña, de unos ocho millones, por lo que la situación es preocupante. Suiza está muy cerca del norte de Italia y de la región de Lombardía, a la que pertenece Milán. Esta ciudad queda muy cerca de Berna, que es donde estoy yo. De Berna a Milán hay apenas tres horas en tren. Unas 70 mil personas que cruzan las fronteras de Italia a Suiza por trabajo o  por negocios y que luego regresan a Italia. Entonces, mucha gente que ha estado expuesta al virus en Italia, como suizos que estaban de vacaciones allá, lo ha traído a Suiza.

Ha habido falta de preparación a nivel mundial, la cual ha generado un proceso de duda acerca de qué acciones tomar y cuando tomarlas.

¿Qué pasó en Italia, un país desarrollado viviendo una situación tan grave?

Es difícil juzgar a las autoridades italianas. Yo creo que han hecho todo lo que han podido. Estamos hablando de una ubicación geográfica muy atractiva para el turismo y de un país que genera una buena parte de su producción económica a partir de esta actividad. Además, los italianos, como nosotros, son muy cercanos: se abrazan, se dan besos. Después de grandes pandemias como la gripa española, en 1918, los gobiernos no estaban preparados para recibir otra pandemia de ese nivel. Siempre se esperaba que volviera a ocurrir una pandemia, pero es de esos escenarios que consideras como esa película que ves pero esperas que no te pase. En ese sentido, ha habido falta de preparación a nivel mundial, la cual ha generado un proceso de duda acerca de qué acciones tomar y cuándo tomarlas.

Las acciones que se deben tomar para controlar una epidemia: extinguirla o aplanar la curva epidemiológica y postergar sus picos, pueden llegar a tener un impacto económico importante y este puede afectar no solo a nivel nacional, sino al individual y familiar. Italia ha tomado decisiones fuertes, como lo ha hecho China, para tratar de controlar el contagio de la enfermedad y de aplazar el pico de la epidemia, tratando de tener a la gente en su casa. Es difícil juzgar y mirar retrospectivamente y señalar a las entidades de que no actuaron con suficiente rapidez. Lo que podemos aprender de lo que pasó en Italia es que este tipo de medidas se deben tomar mucho más temprano.

¿Qué medidas está tomando el Gobierno suizo?

Ya nadie se saluda de mano, y mucho menos de beso. Los abrazos están prohibidos. La política que se ha transmitido es la de distancia social, lo cual significa mantener dos, tres, cuatro metros o de lo máximo que sea posible frente a otros individuos. También, evitar aglomeraciones e ir a eventos con más de mil personas. Algunos cantones (las divisiones administrativas del país) de los 26 han tomado medidas como prohibir reuniones de más de cien personas. Las medidas son para tratar de aplanar la curva epidemiológica, lo que quiere decir que la cantidad de casos no vaya a superar la capacidad del sistema de salud. Que si le va a dar a alguien, que esa persona pueda tener una cama en la que pueda ser atendida; que pueda tener un respirador si lo necesita. En Italia el número de casos ha superado la capacidad del sistema de salud.

Eso obliga al clínico a tomar decisiones como que si tiene un respirador y tiene dos o tres pacientes necesitándolos a cuál se lo da. Lo que se quiere es evitar ese tipo de decisiones. Las medidas en Suiza están tratando de reducir la velocidad en la que el contagio se va a presentar. Ángela Merkel dijo que aproximadamente el 70 por ciento de la población de Alemania va a estar afectada por coronavirus. La pregunta que nos hacemos ahora no es si nos va a dar o no, la pregunta es cuándo nos va a dar. Las acciones están completamente orientadas a que nos dé lo más tarde posible para que el número de casos no supere la capacidad del sistema de salud.

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La idea, entonces, es postergar el contagio, para que cuando esto ocurra haya disponibilidad de recursos médicos…

Sí. Si tú tienes un millón de casos dentro de un mes, imagínate la demanda a los servicios médicos. Si tienes ese mismo millón de casos repartidos en seis meses estás hablando de una mejor capacidad para atenderlos. Y si es en un año o dos, pues mucho mejor. Lo que yo creo, en este estado en el que estamos de la epidemia, es que no vamos a poder reducir el número de casos, sino que lo que aún podemos hacer es expandir el tiempo en el que ese número de casos se van a presentar para que puedan atenderse de forma adecuada.

¿Qué tan grave es la situación por el coronavirus a nivel global? Hay quienes comparan la situación con una guerra…

Esto es equivalente. Dentro del punto de vista epidemiológico, es importante no generar pánico porque debemos tomar medidas y tratar de evitar las consecuencias de lo que está pasando. Pero la verdad es que esto es tan grave como lo dicen quienes comparan la situación con una guerra. Para los epidemiólogos es un escenario muy malo.

Inicialmente, se dijo que el coronavirus era como una gripa, tal vez intentando evitar genera pánico, pero poco a poco el discurso ha escalado. ¿Qué tan grave es la situación?

Esto es grave. Estamos hablando de una enfermedad que puede afectar al 70 por ciento de la población mundial, con una mortalidad que gira entre el 2 y el 3 por ciento. Esto significa que morirán unos 150 millones de personas, cuando, al año en el mundo mueren 57 millones de personas desde 1960. La gripa española de 1918, que tenía una mortalidad más baja, que se transmitía menos agresivamente y que estaba en un tiempo en el que la globalización no existía mató, según los mejores cálculos, a 40 millones de personas, y los peores a 100 millones. Era una influenza en la que una proporción de la población tenía inmunidad parcial porque se habían expuesto a una epidemia de influenza en 1889, por lo que no tuvieron el mismo nivel de mortalidad que el resto. A pesar de todo eso, murieron entre 40 y 100 millones de personas.

Los grupos más afectados serán los ancianos o las personas con sistemas comprometidos o con enfermedad crónicas. ¿Qué pasará con los demás grupos poblacionales?

Los viejos y los que tienen enfermedades de base no serán los únicos que pueden morir, pero sí los que tienen más alto riesgo. Los niveles de mortalidad en los mayores de 80 hablan del 15 al 18 por ciento; mientras que las personas entre 30 y 40 tienen una tasa de mortalidad del 1 o el 2 por ciento. Esto quiere decir que hay casos fatales dentro de las poblaciones más jóvenes.

También hemos visto una tasa de mortalidad de alrededor del 10 por ciento en personas que han tenido enfermedades del corazón y, aproximadamente, del 6 por ciento en pacientes con historias de hipertensión o diabéticos. Sí es cierto que estas poblaciones están a un nivel más alto que pueden llevar a complicaciones letales. Si hay una buena noticia es que no se han registrado muchos casos en niños, y los que se han registrado han sido leves y no se ha registrado mucha mortalidad en ellos. Parece que su sistema inmune responde de una mejor manera a la infección. Lo otro que vemos es que hay una diferencia entre hombres y mujeres, siendo en ellos mucho más alta la tasa de mortalidad.

¿En cuánto tiempo cree que podemos estar volviendo a la normalidad?
Esa es una pregunta difícil de responder, porque su respuesta está basada en el comportamiento de otras infecciones que hemos visto en el pasado. Y aún sabemos muy poco sobre este tipo específico de coronavirus. Lo que se calcula es que el pico de la epidemia en Europa se puede alcanzar entre abril y mayo. Si hay una temporalidad o un efecto de la humedad y la temperatura en la transmisión del virus no lo sabemos. Es posible que durante el verano los niveles desciendan y que regrese con el invierno.

Hay una expectativa de que es posible que este virus esté aquí para quedarse, volviéndose endémico, como la influenza, y que continúe, pero cualquier pronóstico depende de lo que hemos conocido en el pasado, y el pasado a veces predice bien, pero muchas otras falla. No sabemos qué pueda pasar, pero según lo que se ve por los niveles en Europa y lo que hemos visto en China es posible que los niveles máximos en Europa se alcancen entre abril y mayo. La situación en Colombia no la conozco al detalle.

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¿Cómo ve la preparación de Colombia frente a la pandemia?

Cuando ocurrió el primer caso en Colombia vi la rueda de prensa del presidente Duque y del ministro de Salud, y me parece que lo que comunicaron a la población fue adecuado y siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, y que en teoría sigue la expectativa de cómo se debería manejar. Cómo ocurre en la práctica, no sé, porque muchas veces una cosa son las guías que dicta un líder de una nación y otra como lo implementan el sistema de salud y las autoridades.

No sé cómo se está implementando. Mi opinión es que es bueno aprender de lo que está sucediendo en Europa y en China, de las medidas que han tenido efecto para postergar la curva epidemiológica. Mi opinión es que esas medidas se deben tomar lo antes posible, no cuando ya el número de casos es demasiado alto. Entre más temprano se tomen esas medidas, el pico de la epidemia ocurre más tarde. Ese factor de retardo de la epidemia ayuda a que las personas que sufren la infección puedan ser tratadas de la manera más adecuada y que la fatalidad se reduzca. Es importante tomar medidas estrictas y efectivas. Aprender de los otros países y tomar medidas de una manera eficiente y pronta.

¿Cuáles son las medidas más idóneas?

Es muy importante postergar lo más que se pueda el pico máximo de casos de la epidemia. Eso se hace reduciendo la exposición entre individuos. Las medidas que hemos visto han sido cancelar eventos grandes; cerrar los colegios aún es objeto de debate, porque no se sabe quién va a cuidar a los niños, porque a ellos, en muchos casos, los cuidan los abuelitos, quienes son los que están bajo mayor riesgo. Cerrar las clases ayuda a que los padres se estén en casa; así que políticas a nivel empresarial para facilitar el trabajo de la casa son importantes para reducir la exposición en los medios de transporte público y en la oficina, o donde hay grandes cantidades de gente.

En caso de cualquier sintomatología o malestar, ante la duda, lo mejor es trabajar desde la caso cuando sea posible. Para muchos esto no será posible, pero debemos balancear que si la enfermedad ocurre la incapacidad o su efecto puede ser mucho mayor que el que va a tener si uno se cuida desde más temprano. Esas son las medidas que pueden ayudar ahora mismo a disminuir el contagio. Ahora, a nivel individual con los casos, es muy importante aislarlos y hacerles un seguimiento muy detallado para identificar a las personas con las que han estado en contacto y que podrían estar en riesgo y, luego, a esos individuos evaluarlos con exámenes para saber si tienen el virus o no. Hay que hacer una trayectoria muy detallada de con quién han estado en contacto.

Esto es fundamental para reducir los niveles de contagio hacer un rastreo exhaustivo de los casos y de sus contactos y hacer el aislamiento de estas personas. Lo que hemos visto hasta ahora es que catorce días parecen suficientes. Lo que se ha visto es que el virus se puede transmitir incluso cuando no hay síntomas. Si se ha estado en contacto con una persona que es positivo para coronavirus, así no tenga síntomas, es importante que se aísle en su casa. Hay que tener en cuenta que en la casa puede haber adultos mayores que pueden correr un riesgo mayor, por lo que hay que pensar y balancear a nivel individual y doméstico. La recomendación general es tratar de disminuir el contagio lo máximo posible.

¿Sirve o no el tapabocas?

La recomendación es que lo utilicen quienes tengan sintomatología. Si tiene síntomas debe llevar un tapabocas, aunque lo ideal es quedarse en la casa. Si no puede quedarse en la casa, el tapabocas sirve para no contaminar a los demás, no para que no lo contaminen a uno.

¿Para cuándo debemos esperar una vacuna contra el coronavirus?

Yo creo que tendremos una vacuna, lo que no sabemos es cuándo. Desarrollar una vacuna toma bastante tiempo. En este momento hay alrededor de 21 vacunas en evaluación para ver si son efectivas. Este proceso puede tomar entre uno o dos años y eso sería casi que récord. La producción sería muy alta, porque es un virus nuevo, por lo que nadie está inmunizado. Estamos hablando de un gran número de vacunas, lo cual aumenta el desafío de distribuirla en la población.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ

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